Correspondencias cristianas y judías de la oración de las cuatro esquinas
VII. CORRESPONDENCIAS CRISTIANAS Y JUDÍAS DE LA ORACIÓN DE LAS CUATRO ESQUINAS
A Samuel G. Armistead y a
la memoria de Joseph H. Silverman
«Las características de este ritual son su simplicidad y su serio tono de devoción [...] Las oraciones son tan bellas que algunas han sido adoptadas en nuestro libro de Oraciones» (Richard Ford, viajero romántico inglés, tras asistir al rito de la misa mozárabe en Toledo, hacia 1840).
La tradición cristiana antigua de una oración que menciona cuatro pilares
Hacia 1625, y bajo el enigmático seudónimo de Licenciado don Luis de la Carrera, escribía Lope de Vega una obrita polémica contra un antiguo amigo suyo, don Juan de Jáuregui, que previamente había difundido, también bajo seudónimo, un libelo contra el gran poeta. El escrito de respuesta de Lope está salpicado de citas de poemas cultos y populares, entre los que figura el siguiente:
Cuatro pilares hai en el Cielo:
Lucas i Marcos i Juan i Mateo1.
Un siglo casi exacto después, en 1729, don Fulgencio Afán de Ribera sacaba a la luz en Granada una obra de moral y de costumbres titulada Virtud al uso y mística a la moda, que contenía un poema, calificado de «copla devota», indudablemente relacionado con el anterior:
Cuatro pilares tiene esta cama,
cuatro ángeles la acompañan,
y la Virgen que está en medio;
Dios me recoja a buen sueño2.
La tradición cristiana moderna con cuatro pilares
Los dos textos anteriores son los primeros testimonios españoles conocidos de una oración que, como en seguida vamos a ver, es de uso tan común en los países hispanófonos que debe ser difícil encontrar personas de educación o cultura cristianas que la desconozcan. Sin embargo, hoy es muy raro encontrar versiones que aludan, como las antiguas, a cuatro pilares. Sólo conozco una versión de este tipo recogida en España, y unas pocas más de Hispanoamérica. La siguiente es una cubana:
San Silvestre bendito del Monte Mayor,
guarda vos mi casa y su alrededor
de brujo, hechicero y hombre malhechor.
Cuatro pilares tiene mi cama,
5 que son cuatro ángeles que me la guardan,
San Pablo, y San Pedro, San Juan y San Francisco,
y por sobre todos, el Señor de mi alma3.
La tradición cristiana moderna con cuatro esquinas
Mucho más corriente es encontrar versiones que aludan a cuatro esquinas. A mí mismo me enseñaron, de niño, la siguiente versión:
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
y cuatro angelitos
que me acompañan.
A este tipo que menciona las cuatro esquinas es al que pertenecen la mayoría de las versiones que se han documentado en castellano4. De él he recogido yo mismo abundantes muestras en el transcurso de mis encuestas de campo, de las que ofrezco algunos resultados:
Cuatro esquinitas
tiene mi cama;
cuatro angelitos
la acompañan:
5 San Juan y San Lucas,
San Marcos y San Mateo.
(Escurial, Cáceres5)
Cuatro esquinitas
tiene mi cama;
cuatro angelitos
que me la guardan:
5 San Juan, San Pedro,
San Lucas y San Mateo,
y la Virgen María
que está en el medio.
(Madrid6)
Cuatro esquinitas
tiene mi cama;
cuatro angelitos
van de mi guarda:
5 dos a los pies,
dos a la cabecera;
la Virgen María
a la delantera.
(Candín, León7)
Cuatro esquinitas
tiene mi cama;
cuatro angelitos
que me la guardan:
5 dos a los pies,
dos a la cabecera;
la Virgen María
de compañera.
A acostarme voy,
10 sola sin compañía.
La Virgen María
se sienta en mi cama
y me besa:
Duerme, reposa,
15 no tengas miedo
de ninguna cosa.
A acostarme voy,
no sé si amanaceré;
con Dios confieso y comulgo
20 y creo en su santa fé.
(Teba, Málaga8)
También en Portugal se ha documentado alguna versión de este tipo, como una recogida por Manuel da Costa Fontes entre emigrantes de la región de Trás-os-Montes en el Canadá:
...Quatro esquinas tinha a casa,
quatro anjos que a guarda...9
Y aún se podría mencionar, dentro de este grupo tipológico, alguna versión en lengua vasca, insertada dentro de un relato legendario sobre las supuestas propiedades mágicas y protectoras de la oración:
En 1923 copiaba yo en Elizondo el siguiente relato: una muchacha tenía dos novios. Uno de ellos la amenazó de muerte si no se casaba con él. Acostada ella una noche, sintió cierto ruido en su cuarto. Y de repente, estando así dormida, se le encendieron cuatro luces en los cuatro ángulos de la cama. Así vio a su novio que con un cuchillo quería matarla. Éste, avergonzado, se fue. Aquella muchacha recitaba todos los días la oración. La que me contaba esta historieta, me decía que ella la aprendió de pequeña, y que se la enseñaron para que en cualquier necesidad, de noche, la recitara.
Nere goatziak lau kantoiñ,
lauetan lau aingeru,
Amabergiña erdien
nere arimen guardien.
Cuatro esquinitas tiene mi casa,
cuatro angelitos que me la guardan;
dos a los pies, dos a la cabecera,
la Virgen buena que es mi compañera10.
La tradición cristiana moderna con cuatro cantones
Existe en la tradición en castellano una segunda rama tipológica mucho más rara y de apariencia más arcaica, ya que mantiene, en vez de la mención a las cuatro esquinas germanismo que se documenta en castellano a partir del siglo XV , la referencia a cuatro cantones, que recoge un arcaísmo de etimología latina y documentación castellana por lo menos un siglo anterior a la de esquina, aunque hoy esté en desuso11. He aquí una versión de este tipo recogida por mí en Poza de la Sal (Burgos):
Cuatro cantones
tiene esta cama;
cuatro angelitos
que la acompañan:
5 Juan y Mateo,
Lucas y Marcos;
Santo Domingo en medio12.
La siguiente es otra versión de este tipo recogida por mí de la tradición de Torres de Albanchel (Jaén):
Cuatro cantos
tiene esta cama,
cuatro ángeles
la guardan:
5 Pedro, Juan,
............
y la Virgen María
con su manto
se queda en medio13.
Son raras las versiones de este tipo publicadas en castellano14. En Portugal, donde el arcaísmo canto sigue conservando plena vitalidad lingüística con el sentido de rincón interior de algún lugar, frente a esquina, que alude al ángulo exterior, son mucho más frecuentes las versiones que incluyen la primera voz que la segunda. He aquí, por ejemplo, una que recogió Manuel da Costa Fontes entre emigrantes lusos en el Canadá:
Quatro cantos tem a casa,
quatro anjos que a guardam:
S. Marcos, S. Lucas e S. Mateus,
S. João com todos os seus...15
En Cataluña y áreas catalanoparlantes, donde sigue también en plena vigencia la voz de raíz latina, también se han documentado versiones de este tipo:
En aquesta cambra que ara em fico quatre cantons hi ha; en cada cantó un àngel hi ha:
Lluc, Joan, Marc, Mateu;
5 la Verge que sigui al costat meu16.
La siguiente es una versión francesa que muestra un vocablo de la misma raíz:
Saint Luc, Saint Marc et Saint Mathieu, Evangélistes du bon Dieu, gardez les quatre coins de mon lit pendant toute cette nuit17.
Las mismas razones de vitalidad lingüística de esta voz en algunos dominios románicos distintos del castellano explican que algunas versiones italianas también la contengan:
Questo letto ha quattro canti.
Io ci aspetto quattro santi:
due da capo e due da pie.
La Madonna e qui da me18.
La tradición cristiana moderna con cuatro pies o cuatro bolos
Aún existe en lengua castellana alguna otra rara versión con referencias esporádicas no a esquinas o a cantones, sino, por ejemplo, a cuatro pies:
Cuatro pies tiene mi cama,
cuatro ángeles que me acompañan;
y la Virgen en medio,
y Dios que nos recuerde con un buen sueño19
o a cuatro bolos:
Cuatro bolos
tiene esta cama;
cuatro mil ángeles
acompañen mi alma20.
Pero se trata de versiones cuya singularidad es puramente anecdotaria en el conjunto de tipologías de la oración, que todavía cuenta, en la Península, con otro tercer gran grupo formal.
La tradicion cristiana con un número variable de ángeles
Este nuevo grupo tipológico hace referencia a seis, siete, nueve u otros números de ángeles, en vez de a los cuatro habituales. Están relacionadas con un tipo de la oración que se da en otras zonas en Europa21, y se suelen distribuir bien en el Oeste de la Península (Galicia y Portugal) o bien en el área oriental (Cataluña y Valencia). A continuación reproduzco una versión recogida por mí a una informante de Ponteareas (Pontevedra):
A deitarme en esta cama
sete anxeles encontrei:
tres a os pés,
catro a cabeceira,
5 a Virxen Santísima
na miña de ladeira.
Ela me dixo
que dormise e descansase,
que vertiña for
10 non touparía
nin favor nin cousa
de outro mundo for.
Se persigna ella,
me persigno yo;
15 bendita sea la hora
en que Cristo nació.
Una misa están diciendo,
San Pedro la dice,
San Juan la adora,
20 bendita sea el alma
que se acuesta a esta hora22.
La siguiente versión de este tipo, representativa de su presencia en la zona oriental de España, procede de Cataluña:
En aquest llit em poso,
set àngels hi trobo:
tres als peus i quatre al cap.
La Verge María al meu costat.
5 Je em dic: Irene,
Irene, dorm i reposa,
no tinguis por de cap mala cosa;
si cap mala cosa hi ha,
la Mare de Déu te l’en treurà23.
Pese a su rareza en castellano, aún se pueden encontrar testimonios de este tipo de la oración, como el siguiente grabado por mí en Serranillos (Ávila):
Jesús en la cama entre;
con seis angelitos me acosté:
tres a la cabecera y tres a los pies.
Duerme y reposa,
5 no tengas miedo
de ninguna cosa,
que yo te he guardado
y te guardaré
hasta el fin de mi vida
10 y la última hora de mi muerte. Amén24.
Relación con este tipo parece tener también alguna versión vasca:
Aita, guardazazu nere etxea;
Semia, guarda zazu nere goatzia.
Espiritu Saindua,
zuk guarda zazu nere arima.
5 Goatzera noaye, lo itera;
yartzen zaizkit bortz aingeru:
iru burukiten, bide oñetan.
Ateratzen da Amabergiña,
San Miguel Aingeruaikin mintzatzera...
‘Padre, guarda mi casa,
Hijo, guarda mi acostar.
Espíritu Santo,
tú guarda mi alma.
5 Voy a acostarme, a dormir;
se me ponen cinco ángeles:
tres en la cabecera, dos en los pies.
Sale la Virgen
con el Ángel San Miguel a hablar...´25
La antigüedad de este tipo de versiones debe ser grande, ya que es el que parece tener relación con una traducción francesa de 1632 de un «petite patenôtre blanche» atribuido al Papa León III que se lo habría enviado supuestamente a Carlomagno en el tratado mágico apócrifo titulado Enchiridion Papae Leonis, del que sólo hay noticias de edición a partir de 1502:
Petite Patenôtre blanche, que Dieu fit, que Dieu dit, que Dieu mit en Paradis. Au soir m’ allant coucher, je trouvis trois anges à mon lit couchés, un aux pieds, deux au chevet, la bonne Vièrge Marie au milieu, que me dit que je me couchis, que rien ne doutis...26.
La tradición judía sefardí de Oriente y de Francia
Dentro del riquísimo Manuscrito Hazán de Rodas, compilación de poesías anotadas por varios celosos transmisores de la cultura sefardí entre los siglos XVIII y XX, y a cuyas páginas tanto esclarecedor estudio han dedicado los profesores Armistead y Silverman, se encuentra una oración, integrada en la sección más antigua de la obra, que muestra, en sus versos 12-14, claras coincidencias con la que estamos estudiando:
Me echo en mi cama,
de Miriam hanebiá;
me cobio con colcha
de rey Šelomó;
5 entrego mi alma
en poder del Criador:
El que me la guadre
de uego, de flama,
de muerte de šapetania.
10 Cerro mis puertas y mis ventanas
con sío del rey Šelomó mélej;
Mijael de mi derecha,
Gabriel de mi enciedra,
Šejiná po_ada sobre mi cabeza...27
La función de alejar los malos espíritus durante el sueño nocturno, además de la formulística utilizada en cuatro versos de esta oración («Mijael de mi derecha, / Gabriel de mi enciedra, / Šejiná po_ada sobre mi cabeza») parecen tener alguna relación con otra plegaria que publicó en 1907 Henri Léon, en un artículo dedicado a las oraciones de los judíos sefardíes asentados desde antiguo en la ciudad vasco-francesa de Saint-Esprit, próxima a la marca fronteriza con España. Tal oración, según el comentario de su editor, era rezada por los judíos religiosos antes de acostarse, con el objeto de alejar los espíritus malignos que pudiesen alterar el reposo nocturno. Como su texto muestra, tenía partes en español con algunos vocablos dialectales cabeseras, guardame: ¿resabios judeoespañoles? ¿resultados de una mala pronunciación, influída por el francés? y partes en francés:
Cuatro coronas en nuestra casa, cuatro ángeles me acompañan. Uno en el medio, otros en los lados. Cabeseras si durmiere guardame, si muriera acompañadme, con los ángeles buenos, con los serafines, con los cinco libros de la ley.
Ángel bueno, vente por acá;
Ángel malo, vete por allá;
Señor Eliaranabi sea con Israel, Amén.
Au nom de l’Eternel Dieu d’Israël, la sainte phalange des anges tutélaires m’entoure de toute part et me couvre d’une égide protectrice: à ma droite Michaël, à ma gauche Gabriel, devant moi Ourièl, derrière moi Raphaël, et à ma tête la Divinité28.
En el capítulo de «Oraciones» de una recopilación de 1947 de poesía tradicional sefardí, ofrecía Susan Bassan una versión recogida en Nueva York de informantes originarios de Salónica. En breve comentario nos informa de que su versión era dicha en el momento de irse a descansar por la noche:
Cuatro cantonadas
hay en mi casa,
cuatro malahines
que nos acompaña;
5 de fuego y de landra
y de muerte supetania.
Con bien mos echemos,
con bien mos alevantemos.
El Dio nos dé
10 pan para comer
y paño para vestir29.
Otras versiones sefardíes han sido publicadas por autores que las consideraban oraciones nocturnas propias sobre todo del repertorio femenino30. Las que a continuación reproduzco son versiones recogidas y transcritas por Susana Weich-Shahak. La primera procede de Rodas y está estrechamente relacionada, en algunas de sus formulaciones, con el antiguo texto rodiense del Manuscrito Hazán:
[...] Cuatro cantones en esta ca_a,
cuatro malaines,
cuatro an_elinos que mos guadran
de fuego y de flama
5 y de muerte supitania:
a mi derecha, el án_el Mijael,
a mi ciedra, el án_el Gabriel,
enfrente de mí, el án_el Uriel,
detrás de mí, el án_el Rafael,
10 y encima de tu cabeza Šejinat Israel31.
Otra versión procedente de Rodas, recogida y transcrita por Susana Weich-Shahak, es la siguiente, cuya informante afirmaba decirla todas las noches desde que la había aprendido de niña:
Cuatro cantonadas
hay en esta ca_a;
cuatro malaines,
cuatro an_eline_
5 que nos guadran
de fuego,
de flama,
y de muerte supitaña32.
De Milás (Turquía) es esta otra versión recogida y transcrita igualmente por Susana Weich-Shahak:
[...] Cuatro cantonada_
hay en muestras ca_as,
cuatro malaimes
que mos guadren
5 de mal, de sar, de fuego
y de muerte supitania33.
Otra rama distinta de esta fórmula tradicional se ha recogido entre los sefardíes de Oriente no como oración, sino como canción cuyo sentido se ha desplazado de la órbita de lo religioso hacia lo elegíaco. He aquí una versión procedente de Sarajevo:
Cuatro cantones
hay en esta caza;
cuatro buracos
en mi coraçon.
Vaya y no venga
‘sta vida ‘marga.
Way lo que alcancí.
Ah! por qué yo nací?34
La tradición criptojudía de Portugal
Uno de los más interesantes fenómenos humanos, religiosos y sociológicos que se conocen en tierras de nuestra Península es el de la pervivencia, en unos pocos pueblos de población mayoritariamente cristiana del norte de Portugal, de algunos núcleos de población criptojudía que han mantenido a lo largo de cinco siglos parte de las señas de identidad, la religión y algunas de las costumbres de sus antepasados no exentas de rasgos propios y de elementos sincréticos con el entorno cristiano . Dentro de su patrimonio cultural, transmitido con tenacidad durante siglos, ocupan un lugar destacado y muy representativo las oraciones, que han sido en buena parte rescatadas, y profundamente estudiadas, por el prof. Manuel da Costa Fontes. A él se deben fundamentales hallazgos de correspondencias con la tradición cristiana antigua conocida a través de las oraciones que fueron perseguidas y quedaron anotadas en los legajos inquisitoriales y con la moderna reflejada en la tradición oral . Entre las que él estudió y relacionó con el mundo cristiano figura, naturalmente, la de Las cuatro esquinas, de la que ahora reproduzco dos versiones criptojudías portuguesas:
Quatro cantos tem a cama,
quatro anjos me acompanhem sempre
de noite e de dia...35
Quatro cantos tem na cama,
quatro mil eiras [?]
m’acompanhem...36
Algunas parodias de la oración
Un fenómeno que muy comunmente afecta a los motivos más difundidos de la poesía folclórica es el de la contrahechura poética37, que en muchas ocasiones suele ser paródica. Nuestra conocidísima oración no ha podido sustraerse a estos procesos que, en países y lenguas diversas, la han dotado de nuevos y muy diferentes sentidos cómicos. Reinhold Köhler señaló en alguna ocasión que una versión alemana de principios del siglo XVI de nuestra oración fue incluida por Iohannes Agricola (1492-1566) en un repertorio de proverbios alemanes, y que en 1548 circulaba una parodia de la ocupación española de Alemania que sustituía a los ángeles de la oración por guardianes españoles en una plegaria nocturna supuestamente pronunciada por el landgrave Felipe de Hessen38. El fenómeno anuncia alguno de los procesos de contrahechura paródica que ha seguido sufriendo la oración en la tradición moderna. Por ejemplo, conozco una canción del grupo de pop gallego Siniestro total que la convertía en
...Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
me la guardan,
5 y ya estoy
en el nirvana,
y no hay nada
como mi almohada:
yo la abrazo
10 y la consulto,
me aconseja
y me ama...39
Una retahíla de bebedores tradicional en Burgos que ensarta contrahechuras báquicas de diversas canciones incluye los siguientes versos, posiblemente relacionados con nuestra oración:
...bebe, Juan, bebe, Juan;
los faroles que alumbran son cuatro
a nuestra señora de la Trinidad;
representan cuatro evangelistas
Lucas y Mateo, Marcos y San Juan...40
En Gran Bretaña se conocen también versiones paródicas de la oración, que en ocasiones eran recitadas con finalidades tan curiosas como la de tener suerte en la práctica de los ejercicios de equitación, y otras veces como simple entretenimiento burlesco:
Matthew, Mark, Luke, and John, went to bed with their trousers on.
Mark cried out in the middle of the night:
Oh, my trousers are too tight41!
Un tipo de alusión más sutil, y de carácter literario, es la que parece advertirse en una novela negra de Manuel Vázquez Montalbán publicada en 1988, El delantero centro fue asesinado al atardecer:
Camps O’Shea llegó a tiempo desde la sala de prensa donde escasos periodistas desganados habían cumplido el ritual de preguntarle al entrenador lo de siempre, para ayudar a la nueva estrella a abrirse camino hacia su Porsche jalonado en sus cuatro esquinas siderales por cuatro guardias de seguridad42.
Teorías sobre los orígenes de la oración
La documentación en francés, italiano, inglés, alemán, holandés, noruego, húngaro y otras muchas lenguas europeas de versiones muy diferentes y de muchos tipos de nuestra oración ha dado lugar a diversos estudios que han probado lo antiguo e intenso de su arraigo tradicional, y aportado datos muy curiosos sobre su andadura histórica, como los que se refieren a su inclusión en la ópera Hansel y Gretel de Humperdinck43. Pero lo cierto es que todos estos estudios no han llegado a ponerse de acuerdo sobre sus posibles orígenes. Algunos autores como Carrington o Carrizo los hacen remontar a un tipo de conjuros cristianos similares al White Paternoster que insertó Geoffrey Chaucer en el Cuento del molinero de sus Cuentos de Canterbury (finales del siglo XIV), donde asistimos a la siguiente escena: «Entonces [el carpintero] empezó a murmurar un encantamiento en cada uno de los cuatro rincones de la casa y la parte exterior del umbral de la puerta:
Jesucristo, San Benito,
los malos espíritus prohibid:
Espíritus nocturnos, huid del Padrenuestro,
os lo pide este siervo vuestro»44.
Leah R. C. Yoffie afirmaba que la oración derivaba de una plegaria documentada en hebreo medieval, inspirada en la Cábala judía, y transmitida desde entonces por tradición oral y en libros de devoción judíos. Según ella, su prototipo mencionaba a los ángeles hebreos, que sólo posteriormente habrían sido sustituidos por los cuatro evangelistas en las versiones cristianas. Ante la traducción de aquella oración hebrea medieval analizada por Yoffie podemos advertir las coincidencias con la parte francesa de la oración recogida a comienzos de siglo entre los judíos de Saint-Esprit o con algunos versos de la oración que todavía dicen los sefardíes de Rodas:
El ángel que me ha redimido del mal, bendiga a los muchachos... [se repite tres veces]: en el nombre del Señor, el Dios de Israel, que pueda estar Miguel a mi mano derecha; Gabriel a mi izquierda; delante de mí Uriel; detrás de mí Raphael; y sobre mi cabeza la divina presencia de Dios45.
Hay que señalar, sin embargo, que según Ethelbert Stauffer, cuya teoría fue recogida por Gabriel Llompart46, esta oración habría sido ya conocida por los judíos de la época de Cristo, quien además podría haber pronunciado algún verso de ella, anterior a la mención de los ángeles («Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»), en el momento de expirar en la cruz.
La teoría de Douglas Gifford niega los orígenes judíos y se orienta, por contra, hacia los cristianos, opinión que comparten, por razones distintas, otros críticos como Costa Fontes. La argumentación de Gifford es muy compleja, dado que en realidad estudia dos tipos de oraciones distintas cuya relación o convergencia intenta probar: un tipo contiene la fórmula «pater noster chjcia», está en lengua vasca y se documenta desde finales del siglo XIV hasta hoy; y el otro pertenece al grupo específico de los llamados White o Little Paternoster europeos que contiene el motivo de Las cuatro esquinas47. Su trabajo logra vincular ingeniosamente las relevantes alusiones a la Virgen María, presentes en ambas ramas, con toda una tradición de representaciones parateatrales e iconográficas de la dormición de la Virgen que se documentan en España desde el siglo XIV, y que suelen describir la cama donde tiene lugar su tránsito rodeada de cuatro candelabros y de cuatro ángeles que hacen guardia en sus cuatro esquinas. El sólo relativo entroncamiento de este tópico cultural con los Evangelios Apócrifos de los primeros siglos del cristianismo aporta, según él, base para que podamos considerar la oración de Las cuatro esquinas además del «pater noster chjcia» vasco que analiza como eco piadoso de ese episodio de la historia de la Virgen.
El argumento es inexacto, ya que el motivo de los cuatro ángeles se relaciona, en el mismo dominio occidental y en la misma época aludida por Gifford, con asuntos religiosos no mariológicos. Recuérdense, sin ir más lejos, las precisiones escenográficas que dio Gil Vicente en el Auto da Sibila Cassandra: «Abrem-se as cortinas onde está todo o aparato do Nacimento. E cantão quatro anjos...»48. Y ténganse en cuenta además las abundantes representaciones iconográficas bajomedievales que tienen por motivo a cuatro ángeles o a los cuatro Evangelistas con sus símbolos el difundidísimo Tetramorfos en asuntos artísticos, sobre todo cristográficos, que nada tienen que ver con el tema de la dormición de la Virgen49.
El motivo mágico y mítico de Las cuatro esquinas
Por otro lado, se puede asegurar que el tópico de los cuatro ángeles no debe ser más que uno de los muchos y no de los más viejos que se han podido acumular y superponer a los larguísimos siglos de vida tradicional de esta fórmula. Sabemos que los mitos basados en dioses, ángeles o bestias guardianes de las cuatro esquinas del mundo, de un recinto sagrado, de la casa o de la cama, se conocen en China, en Japón y en la India50. Un himno hitita de alabanza al dios Shamash, datado hacia el siglo XIV a. C., se expresaba en términos como éstos: «¡Oh Sol, gran rey! El dios En-Lil, tu padre, ha puesto en tu mano los cuatro ángulos del mundo...» y «Oh Sol, poderoso rey, tú atraviesas los cuatro ángulos eternos...»51. También en el segundo milenio antes de la era cristiana, una invocación a la diosa acadia Ishtar rezaba: «Delante de ti hay un genio, / tras de ti una Fortuna, / a tu derecha está la justicia, / a tu izquierda el bien...»52. En el antiguo Egipto, «el corazón era momificado aparte y se lo depositaba con las entrañas en cuatro vasos de alabastro, llamados “canopes”, cuyas representaciones servían de tapaderas a las urnas funerarias. Amset con cabeza humana velaba sobre el hígado; Hapi cinocéfalo , sobre los pulmones; Duamutef con cabeza de chacal sobre el estómago; y Quabhsonuf con cabeza de halcón sobre los intestinos»53. Un águila, un toro, un león y un perro eran los guardianes de piedra que hizo poner Hermes Trimegisto en cada uno de los lados de una fortaleza que levantó en Egipto54, siguiendo una tradición judía que alcanzaría al cristianismo primitivo, ya que sabemos de una torre siria en cuyos cuatro lados escribieron dos frailes conjuros protectores55. En época romana precristiana eran corrientes los ritos de expulsión de los demonios barriendo o golpeando el suelo y los límites de una casa, o trazando un círculo mágico en torno a una vivienda o propiedad para mantener fuera a las fuerzas del mal56. De la antigüedad y arraigo de tales ritos puede dar idea el hecho de que se haya documentado hasta hoy en pueblos tan distantes como los votiakos de la Rusia oriental o de Kazán57, y en algunas zonas rurales de Galicia o de León, donde era costumbre barrer los rincones de la casa y pronunciar conjuros para expulsar a los malos espíritus58. Entre los judíos era tradicional que las noches anteriores a la circuncisión del niño se recorriesen las esquinas de la casa agitando ante ellas una espada para ahuyentar a los demonios que pudieran perjudicar a la criatura59. En algún pueblo vasco, «al ir a vivir alguien a una casa recién construida la purifica echando agua bendita en todos los rincones y esquinas que haya en el interior. Esto se hace lo mismo cuando se va a una casa en la que antes haya habitado gente desconocida»60. Un rito parecido se conserva en Marruecos, donde «al entrar por primera vez en un nuevo domicilio, se debe echar sal y leche por todos los rincones en señal de ofrecimiento a los espíritus habitantes del mismo»61. Los indios lencas de Honduras «festejan una casa nueva con un almuerzo durante el cual rezan y rocían sus esquinas con agua bendita»62. Y entre los indígenas de habla tzotzil y etnia maya del municipio de Zinacantán (México), que creen que «el universo fue creado por los Waxak-Men, dioses que lo sostienen en las esquinas y que establecieron su centro en el centro de Zinacantán», existen ritos de propiciación y ofrendas a las esquinas de la casa en construcción, para que «el circuito ritual alrededor de las cuatro esquinas... [quede] libre de “demonios” y del Señor de la Tierra»63.
El cristianismo se hizo eco temprano de los valores referenciales sagrados de los ángeles guardianes y de las cuatro esquinas de los espacios habitados. Su trasposición a la cosmogonía del Apocalipsis de San Juan (7:1-2; 21:12-14) nos lo muestra:
Después de esto vi cuatro ángeles en pie en los cuatro ángulos de la tierra, que retenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase el viento ni sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Después vi otro ángel que subía del oriente y llevaba el sello del Dios Viviente, y gritó con gran voz a los cuatro ángeles a los que se les había dado el poder de dañar la tierra y el mar (7:1-2).
Inspirado acaso en este texto es el conjuro apotropaico cristiano primitivo en que «se dice de los ángeles y arcángeles que son “los que retienen las exclusas de los cielos y los que hacen subir la luz de los cuatro ángulos del mundo”»64. El sincretismo religioso y cultural que se adivina en este tipo de creencias se manifiesta claramente en el hecho de que el emperador romano Alejandro Severo adoptase como dioses lares, es decir, guardianes y protectores, a Orfeo, Abraham, Apolonio de Tiana y Jesucristo65. Todo esto nos permite simplemente imaginar algo de los complejísimos antecedentes que respaldaban a la oración de Las cuatro esquinas cuando un texto relacionado con ella se documenta, por primera vez como oración de cristianos, en un Testamento de Nuestro Señor Jesucristo (1:43) fechado en el siglo V, aunque parece deudor de fuentes más antiguas entre ellas La tradición apostólica de Hipólito de Roma, escrita hacia el año 215 . Se nos ha transmitido en dos libros y en versiones siríaca, copta, etíope y árabe:
Vete, Satán, de esta puerta y de estas cuatro esquinas; aquí no hay ni sitio para ti: aquí está Pedro, aquí está Pablo, aquí el santo Evangelio; aquí quiero, después de haber hecho mi adoración, acostarme en el nombre del Padre y del Espíritu Santo...66.
Aunque a partir del concilio de Braga del año 572 la Iglesia no cesó de condenar el extraordinario arraigo de las prácticas exorcizadoras de los demonios de las casas, con las que se relacionaban este tipo de conjuros67, la Edad Media nos sigue trayendo ecos de ritos y de tópicos relacionados con éste que nada tienen que ver con el tema de la dormición de la Virgen que Gifford daba como su clave. El propio Gifford alude a la antigua práctica mágica anglosajona de las cuatro cruces con los nombres de los Evangelistas, colocadas a los lados de una propiedad agraria y sobre cuatro espacios donde se hubiese rezado la misa68. El fragmento de los Canterbury Tales de Chaucer da testimonio de prácticas similares dentro del ámbito doméstico en la Edad Media. Y sin remontarnos tan atrás, en la Inglaterra victoriana todavía había quien pensaba que «los cuatro ángeles de la tierra» tenían poder para dirigir con sus alas la dirección de los vientos y determinar el tiempo meteorológico69. En el plano artístico, ya hemos detallado motivos cristianos no mariológicos donde hacen su aparición los cuatro ángeles guardianes o los cuatro Evangelistas.
En la misma tradición folclórica peninsular podemos encontrar numerosas pervivencias de ritos y oraciones referidas a la expulsión de espíritus de la casa y al estatus mágico especial de sus cuatro esquinas, todas ellas de raíz seguramente muy arcaica y perfectamente independientes de la oración que hasta ahora nos ha ocupado, y muchas veces también de cualquier elemento mariano. En bastantes pueblos se usa todavía arrojar sal a las esquinas de la casa para expulsar al demonio. En Galicia se pegaban en las puertas de las casas y de las cuadras unos papeles llamados escritos que protegían a los animales de los maleficios: «contenían varias oraciones en latín, colocadas en forma de cruz. Algunos también eran ilustrados con cuatro santos en los cuatro ángulos del papel»70. En otras partes de Galicia, «el Sábado Santo bendice el agua la Iglesia y son grandes los apuros que las personas tienen después para conseguir llevar a sus casas un jarro o un frasco con agua bendita, para tenerla siempre cerca de la cabecera de la cama con el fin de espantar los demonios y otros genios maléficos»71. En la misma región existe una plegaria basada en el paralelismo «Bendízote, cama, / de esquina a esquina...» y «Bendízote, cama, / de canto en canto»72.
En algún pueblo de Cataluña, por otro lado, usaban piedras de bruja, es decir, sílex, para expulsar de la casa a las brujas y malos espíritus: «generalmente se colocan cuatro, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales»73. Y cuando amenazaba tormenta, el Sacerdote reunía a la gente a la puerta de la Iglesia, persignaba en dirección a las nubes y comenzaba su conjuro con las palabras: «Sant Mateu, Sant March, Sant Lluch, Sant Joan Evangelista, que divulgárem l’ Evangeli de Cristo per les quatre parts del mon...»74. En la misma Cataluña existen oraciones para protegerse de los peligros al salir de casa o para curar la epilepsia que invocaban a «Sant Pau, Sant Pere, Sant Lluc i Sant Marc, / per cada costat»75.
En las actas de diversos procesos de la Inquisición de Canarias del siglo XVII ha quedado consignado que el echar «agua bendita en las esquinas» era una forma habitual de expulsión de los malos espíritus76. Restos de este tipo de prácticas han llegado a la tradición moderna, ya que aún se rezan en aquellas islas versiones de la oración de San Silvestre de Montemayor que sirven para expulsar a los malos espíritus de la casa y se pronuncian «mientras se trazan en el aire tres cruces, tantas veces como rincones tiene la habitación»77. La réplica demoníaca a este tipo de prácticas la tenemos en las noticias que nos llegan desde las mismas islas de un proceso a una bruja que «iua a las quatro esquinas de dicha cassa por la parte de dentro, y en cada una de ellas, desnuda de la sintura arriba y los cauellos tendidos, desía: “¡Añasco, cavallero bien pulido y bien calsado, ben aquí, que te llamo io, que Margarita está aflijida!”, y escupía tres ueces en el suelo y daua tres patadas en cada dicha esquina; y preguntándole... para qué hasía aquello, le respondió: “Para que uenga el demonio, que io lo veo, aunque tú no lo ues”»78. Con un fin algo más inocente, pero no menos supersticioso, sabemos que algunas mozas canarias en edad y con deseos de casarse se dedicaban a «rezar en una cassa en cruz trabesando de esquina a esquina y desnuda en cueros y el cabello colgando entre las onse y las dose de la noche y esto para saber si se abía de cassar»79.
La sobreabundante documentación de textos y de contextos funcionales de nuestra oración y de las prácticas con las que tiene una relación más o menos directa convierte en labor muy compleja la de encontrar una explicación que articule los orígenes, características e influencias de cada rama de versiones. Determinados rasgos comunes que hemos advertido en una mayoría de ellas nos permiten afirmar, sin embargo, que las fórmulas en torno a Las cuatro esquinas deben ser expresiones multiculturales de un rito mágico de protección frente a los malos espíritus que muchos pueblos creen que rodean a la persona y a su entorno habitado, al que pueden acceder más fácilmente a través de las esquinas, en momentos de descuido como el del sueño, y en edades de mayor indefensión, como la infancia80. Resulta fácil advertir que los motivos de los cuatro dioses protectores egipcios, de los Lares romanos, de los Waxak-Men mejicanos, de los Ángeles hebreos, o de los Evangelistas cristianos que guardan los flancos de la persona, de la cama o de la casa no deben ser más que elementos actualizadores de una misma creencia en dominios muy diferentes en lo religioso y en lo cultural. Lo que no es tarea tan fácil es desvelar el entramado y el orden de relaciones e influencias que se han podido producir entre las distintas ramas, algunas de las cuales como las judías y las cristianas han podido tener innumerables oportunidades de encontrarse y superponerse.
Los antecedentes de las versiones judías sefardíes
No intentaremos, por tanto, pronunciarnos sobre las generalidades de la cuestión, sino tan sólo sobre algunos problemas que suscitan las versiones sefardíes que presentamos anteriormente, y que por su posición de puente de unión entre culturas y tradiciones, pueden ofrecer una imagen ejemplar de la casuística evolutiva de nuestra oración. El primer problema es el de si dependerán de fuentes en hebreo o de fuentes en romance hispánico. La respuesta viene implícita en el magnífico estudio que dedicaron los profesores Armistead y Silverman a la documentación en varias de estas versiones de la voz šapetanya, supetania, sopetaña, etc., de frecuente aparición en la literatura española medieval y en algunos escasos textos barrocos asociada siempre al contexto de la muerte presente también en las versiones judeoespañolas81. Es más que probable, por tanto, el ascendiente hispánico de la pareja léxica y del concepto muerte supetaña presente en la oración sefardí, lo cual se ve además reforzado por la que parece ser la única correspondencia española conocida del fragmento sefardí que dice «El que me la guadre / de uego, de flama, / de muerte de šapetania». Se inserta dentro de una oración recogida y amablemente cedida por José Manuel Fraile en el pueblo madrileño de Brea de Tajo:
Padrenuestro mayor,
sangre de nuestro Señor;
los ángeles van cantando
camino del Paraíso
5 y van diciendo: Pecado,
pecado, vete a tu vida,
que no tienes parte en Dios
ni tampoco en el alma mía.
Salvador y San Lucas,
10 salva esta casa
de fuego y de llama,
y de muerte supitánea,
que va la Virgen María
buscando peñas rizadas...82.
Pero hay que tener en cuenta también que idéntica referencia al fuego, a la llama y a la muerte supitánea que se da en las versiones sefardíes y en esta madrileña se emplea también en diversas oraciones del sur de Francia, sobre todo de Gascuña:
...que n’aujen poù de hoèc,
ni de flamo,
ni mort subitano...83
En cualquier caso, el vínculo de la oración sefardí con una voz y con una fórmula poética documentadas también, y con rasgos de indudable arcaísmo, en el dominio hispánico y en el gascón, garantiza la ascendencia románica surocciondental hispánica o francesa meridional y antigua de las versiones orientales de la oración. Pero de la parte francesa de la versión de Saint-Esprit que localiza «à ma droite Michaël, à ma gauche Gabriel, devant moi Ourièl, derrière moi Raphaël, et à ma tête la Divinité» y de la rodiense que dice «a mi derecha, el án_el Mijael, / a mi ciedra, el án_el Gabriel, / enfrente de mí, el án_el Uriel, / detrás de mí, el án_el Rafael, / y encima de tu cabeza Šejinat Israel» hay que decir, sin embargo, que parece enlazar directamente con los tópicos de la oración hebrea de antecedentes antiguos y medievales aducida por Stauffer y Yoffie: «Miguel a mi mano derecha; Gabriel a mi izquierda; delante de mí Uriel; detrás de mí Raphael; y sobre mi cabeza la divina presencia de Dios».
La parte en español de la versión de Saint-Esprit se relaciona estrechamente, sin embargo, con el resto de versiones españolas y judeoespañolas, llegando a presentar algún motivo tan familiar a la tradición hispánica cristiana como el de la petición de «si durmiere guardame, si muriera acompañadme», relacionada con algunas oraciones españolas, argentinas, portuguesas o vascas:
Si me durmiese, despertadme,
si me muriese, perdonadme84.
Si me muero, perdonadme,
si me duermo, despertadme85.
Si me durmiere, velame,
si me muriere, alumbrame86.
Se me dormir, despertai-me,
se me morrir, alumiai-me87.
Lotan iltzen banaizu,
indatazu argie.
‘Si me muriere durmiendo,
alúmbrame'’.
No es posible, sin embargo, concluir definitivamente que este motivo de la oración sefardí de Saint-Esprit derive directamente de la tradición hispánica cristiana, ya que se halla también presente en algunas versiones de los criptojudíos portugueses:
S’eu dormir, alumiai-me,
e s’eu morrer, acompanhai-me88.
Con esta repetida constatación de la complejidad de las fuentes, cruces e interferencias que hay detrás de nuestra plegaria, podemos dar por terminado nuestro complejo viaje en torno a la oración y a los ritos mágicos de Las cuatro esquinas, sabiendo que la imposibilidad de aclarar toda su andadura y de desentrañar el sentido de todas sus ramas, estratos e influencias, nos ha ofrecido al menos una hermosa compensación: la del panorama de su adaptación a lenguas, culturas y creencias muy diferentes y al mismo tiempo muy parecidas, como resulta que son, en el fondo, la mayoría de las expresiones de la espiritualidad humana.
Manzano II/II p. 373
Cuatro pies
Cuatro esquinas
p. 374
Cuatro ángeles
José María Domínguez Moreno, «Santos ganaderos en Extremadura», Revista de Folklore 133 (1992) pp. 3-11, 6-7
Por el mundo andaba
Nuestro Señor
y en casa de San Antonio
se aposentó.
Cuatro esquinitas tenía la casa,
y cuatro angelitos se la guardaban.
Cuatro misas le decían
y cuatro velas le encendían...
San Antonio
Angelología rabínica, parece que hay cuatro esquinas
Mélusine I (1878)
p. 308. Cuatro esquinas.
Manuel da Costa Fontes, Romanceiro português do Canadá (Coimbra, Universidade, 1979) nº
646
Quatro esquinas tinha a casa
Manuel Pina tiene una comedia que se llama Las cuatro esquinas
Enciclopedia de la brujería y la demonología, p. 91
Cuatro esquinas demoníacas
George Black, Medicina popular: un capítulo en la historia de la cultura, trad. A. Machado y Álvarez (Madrid, El Progreso Editorial: 1888) p.
174
Las siguientes frases comunes, repetidas por las parteras, después de señalar con una cruz todas las esquinas de una casa antes de traspasar su umbral, constituyen virtualmente una oración a la luna. Aún se usa como rezo en los distritos rurales, sin más variante que la de estar en tercera en primera persona:
Cuatro esquinas tiene su cama,
cuatro ángeles en su cabecera,
Mateo, Marcos, Lucas y Juan,
Dios bendiga la cama sobre que descansa.
Luna nueva, luna nueva, Dios me bendiga,
Dios bendiga esta casa y esta familia.
Lancashire Folk-Lore p. 69.
José Manuel Feito, «Devocionario popular (zona de Somiedo)», Boletín del Instituto de Estudios Asturianos XLV/137 (1991) pp. 7-86, p. 24
Siete ángeles
p. 25 y 27 y 33
Cuatro esquinas
p. 28
si me duermo, despertadme;
si me muero, perdonadme
p. 32
Si me duermo, despertadme;
si me muero, perdonadme.
p. 33
Si me duermo, despertadme;
si me muero, perdonadme.
Pe Joaquim Teixeira Dias, «Tradições populares (concelho de Resende)», Douro Litoral VI (1943) pp. 75-79
p. 77
...Se eu dormir, acordai-me,
se morrer, alumiai-me...
Pe Joaquim Teixeira Dias, «Tradições populares (concelho de Resende)», Douro Litoral VI (1943) pp. 75-79
p. 79 Siete ángeles
A. Gomes Pereira, «Novo supplemento ás Tradições Populares e Linguagem de Villa Real», Revista Lusitana XIII (1910) pp. 95-109, p. 96
Siete ángeles
Manuel da Costa Fontes, Romanceiro português do Canadá (Coimbra, Universidade, 1979) nº
624 y 629
siete ángeles
Adolf Salvà i Ballester, De la marina i muntanya (Folklore), ed. R. Alemany (Alancant: Diputació Provincial-Ajuntament de Callosa d’En Sarriá, 1988) El autor es de 1885-1941. Esta obra inédita es de los años treinta.
p. 189
Siete ángeles.
José Mª Satrústegui, «Sueños y pesadillas en el devocionario popular vasco», Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra XVIII/47 (1986) pp. 5-33
p. 12
Con Dios me acuesto + 3 ángeles, uno en la cabecera, dos en los pies... en vasco
13
3 ángeles, 2 en la cabecera...
Zófimo Consiglieri Pedroso, “Superstiç~oes populares (vária)”, Contribuç~oes para uma Mitologia Popular Portuguesa e Outros Escritos Etnográficos (reed. Lisboa, 1988) ps. 253-272: p. 269
Esta casa tem quatro cantos,
quatro anjos que a guardam...
Zófimo Consiglieri Pedroso, “Contribuç~oes para um romanceiro e cancioneiro popular português”, Contribuç~oes para uma Mitologia Popular Portuguesa e Outros Escritos Etnográficos (reed. Lisboa, 1988) ps. 353-372: p. 360
Nesta cama me deitei,
sete anjos nela achei...
F. A. Coelho, “Romances sacros: oraçôes e ensalmos populares do Minho”, Romania III (1874) ps. 262-297: 267
Tres aos pés
F. Adolpho Coelho, “Oraç~ao dos anjos da guarda”, Revista Lusitana I (1887-1889) ps. 326-221.
Köhler, Jahrbuch VIII p. 417
Hay una versión en Coelho, Romania III p. 267
Henry Carnoy, “Prières populaires”, Mélusine I (1878) p.s. 188-190: p. 189
La chair de mon Jésus,
trente deniers de sa monnaie.
J’étais là que je regardais,
comme quatre petits anges
quatre cornets ont corné.
V. S., “Prière populaire”, Mélusine I (1878) ps. 390-391.
[Je] prends les nges pour mes amis,
le bon Dieu pour mon père,
la sainte Vierge pour ma mère.
Saint Louis de Gonzague,
aux quatre coins de ma chambre,
aux quatre coins de mon lit,
préservez-moi de l’ennemi,
seigneur, à l’heure de ma mort!
Gaston de Lépinay, “Prières populaires recueillies dans le cnton de Brives (Corréze), Mélusine II (1884-1885) ps. 218-224: ps. 220 (con cinco ángeles) y 224 (con siete ángeles)
A. Vernière, “Prière populaire de la Haute-Loire”, Mélusine II (1884-1885) ps. 499-500. Cinco ángeles
Eugenia Levi, Fiorita di Canti Tradizionali del Popolo Italiano (Florencia, 1926)
p. 52 Sambuca, Pistoia, Mayo petitorio.
Questa casa ha quattro canti,
Dio vi salvi tutti quanti;
questa casa è fatta a vôlta,
Dio vi salvi un’altra volta;
questa casa ha quattro legni,
Dio vi salvi e vi mantegni.
Gaston de Lépinay, “Prières populaires recueillies dans le cnton de Brives (Corréze), Mélusine II (1884-1885) ps. 218-224: ps. 220 (con cinco ángeles) y 224 (con siete ángeles)
A. Vernière, “Prière populaire de la Haute-Loire”, Mélusine II (1884-1885) ps. 499-500. Cinco ángeles
Eugenia Levi, Fiorita di Canti Tradizionali del Popolo Italiano (Florencia, 1926)
p. 52 Sambuca, Pistoia, Mayo petitorio.
Questa casa ha quattro canti,
Dio vi salvi tutti quanti;
questa casa è fatta a vôlta,
Dio vi salvi un’altra volta;
questa casa ha quattro legni,
Dio vi salvi e vi mantegni.
Manuel da Costa Fontes, “Mais oraç~oes criptojudias de Rebordelo”, Revista da Universidade de Coimbra XXXVII (1992) ps. 457-469.
p. 463
S’eu dormir, alumiai-me,
e s’eu morrer, acompanhai-me.
Quatro cantos tem na cama (es la de la sra. Mota)
Equipo “Cahiers Evangile”, Oraciones del antiguo Oriente (Estella, Ed. Verbo Divino: 1979) p. 43
Himno hitita de alabanza al dios Shamash, datado hacia el siglo XIV a. C.
...¡Oh Sol, gran rey! El dios En-Lil, tu padre, ha puesto en tu mano los cuatro ángulos del mundo...
p. 44 Id
...Oh Sol, poderoso rey, tú atraviesas los cuatro ángulos eternos...
Gérard de ¿Champeaux? y Dom Sébastien Sterckx, “El tetramorfos”, Introducción a los símbolos, ed. A. Rodríguez (Madrid, 1984) ps. 447-535.
Hasan M. El-Shamy, Folktales of Egypt (Chicago-Londres, The University of Chicago Press: 1980)
p. 137
«The planet Earth is thought by the folk to be divided into four quarters: the Ruined Quarter, the Dark Quarter, the Empty Quarter, and the Inhabited Quarter. However, only the first two quarters appear in active usage; the latter two are simply known, but do not recur in oral traditions».
Maria Micaela Soares, «Literatura saloia», Etnografia da região saloia: a terra e o homens (Sintra, Instituto de Sintra: 1993) pp. 33-99
p. 63
Nesta cama me deitei,
sete anjos nela achei
Zófimo Consiglieri Pedroso, “Superstiç~oes populares (vária)”, Contribuç~oes para uma Mitologia Popular Portuguesa e Outros Escritos Etnográficos (reed. Lisboa, 1988) ps. 253-272: p. 269
Esta casa tem quatro cantos,
quatro anjos que a guardam...
Zófimo Consiglieri Pedroso, “Contribuç~oes para um romanceiro e cancioneiro popular português”, Contribuç~oes para uma Mitologia Popular Portuguesa e Outros Escritos Etnográficos (reed. Lisboa, 1988) ps. 353-372: p. 360
Nesta cama me deitei,
sete anjos nela achei...
F. A. Coelho, “Romances sacros: oraçôes e ensalmos populares do Minho”, Romania III (1874) ps. 262-297: 267
Tres aos pés
F. Adolpho Coelho, “Oraç~ao dos anjos da guarda”, Revista Lusitana I (1887-1889) ps. 326-221.
Köhler, Jahrbuch VIII p. 417
Hay una versión en Coelho, Romania III p. 267
Henry Carnoy, “Prières populaires”, Mélusine I (1878) p.s. 188-190: p. 189
La chair de mon Jésus,
trente deniers de sa monnaie.
J’étais là que je regardais,
comme quatre petits anges
quatre cornets ont corné.
V. S., “Prière populaire”, Mélusine I (1878) ps. 390-391.
[Je] prends les nges pour mes amis,
le bon Dieu pour mon père,
la sainte Vierge pour ma mère.
Saint Louis de Gonzague,
aux quatre coins de ma chambre,
aux quatre coins de mon lit,
préservez-moi de l’ennemi,
seigneur, à l’heure de ma mort!
Artículo sobre Frómista:
Cuatro balcones
tiene mi cama,
cuatro ángeles
guardan mi alma:
San Lucas, San Mateo,
y Cristo en el medio.
Gaston de Lépinay, “Prières populaires recueillies dans le cnton de Brives (Corréze), Mélusine II (1884-1885) ps. 218-224: ps. 220 (con cinco ángeles) y 224 (con siete ángeles)
A. Vernière, “Prière populaire de la Haute-Loire”, Mélusine II (1884-1885) ps. 499-500. Cinco ángeles
Eugenia Levi, Fiorita di Canti Tradizionali del Popolo Italiano (Florencia, 1926)
p. 52 Sambuca, Pistoia, Mayo petitorio.
Questa casa ha quattro canti,
Dio vi salvi tutti quanti;
questa casa è fatta a vôlta,
Dio vi salvi un’altra volta;
questa casa ha quattro legni,
Dio vi salvi e vi mantegni.
Manuel da Costa Fontes, “Mais oraç~oes criptojudias de Rebordelo”, Revista da Universidade de Coimbra XXXVII (1992) ps. 457-469.
p. 463
S’eu dormir, alumiai-me,
e s’eu morrer, acompanhai-me.
Quatro cantos tem na cama (es la de la sra. Mota)
Equipo “Cahiers Evangile”, Oraciones del antiguo Oriente (Estella, Ed. Verbo Divino: 1979) p. 43
Himno hitita de alabanza al dios Shamash, datado hacia el siglo XIV a. C.
...¡Oh Sol, gran rey! El dios En-Lil, tu padre, ha puesto en tu mano los cuatro ángulos del mundo...
p. 44 Id
...Oh Sol, poderoso rey, tú atraviesas los cuatro ángulos eternos...
Flávio Gonçalves, “Oraç~oes populares de Silvares (Fund~ao-Beira Baixa), Douro Litoral: Boletim da Comiss~ao de Etnografia e História VIIª serie (1956) ps. 749-767:
753
quatro anjos hei-de achar:
dois aos pés, dois ‘a dianteira...
Apeles Mestres, “Els sastres”, Arxiu de Tradicions Populars I (Barcelona, 1928) ps. 71-72.
Manuel da Costa Fontes, “Mais oraç~oes criptojudias de Rebordelo”, Revista da Universidade de Coimbra XXXVII (1992) ps. 457-469.
p. 463
S’eu dormir, alumiai-me,
e s’eu morrer, acompanhai-me.
Quatro cantos tem na cama (es la de la sra. Mota)
Equipo “Cahiers Evangile”, Oraciones del antiguo Oriente (Estella, Ed. Verbo Divino: 1979) p. 43
Himno hitita de alabanza al dios Shamash, datado hacia el siglo XIV a. C.
...¡Oh Sol, gran rey! El dios En-Lil, tu padre, ha puesto en tu mano los cuatro ángulos del mundo...
p. 44 Id
...Oh Sol, poderoso rey, tú atraviesas los cuatro ángulos eternos...
Flávio Gonçalves, “Oraç~oes populares de Silvares (Fund~ao-Beira Baixa), Douro Litoral: Boletim da Comiss~ao de Etnografia e História VIIª serie (1956) ps. 749-767:753
quatro anjos hei-de achar:
dois aos pés, dois ‘a dianteira...
Dr. Jaime Lopes Dias, Etnografia da Beira VI volume, 2ª ed. (Lisboa, Ferin: 1967)
p. 292
Quatro cantos tem a casa,
quatro velas a arder,
quatro anjos me acompanhem
na hora da minha morte,
quando eu morrer.
Artur Quintana, Bllat Colrat! Literatura popular catalana del Baix Cinca, la Llitera i la Ribagorça 1 Narrativa i Teatre (Instituto de Estudios Altoaragoneses-Institut d’Estudis del Baix Cinca-Institut d’Estudis Ilerdencs-Diputació General d’Aragó, 1997) núm.
373
Cuatro esquinas como cuento parodia
Camarena León I p. 93
Cuatro esquinas
Agustín Faro Forteza, Tradició oral a Santisteba (Huesca: Diputación, 1990) p. 70
A esto llit m’he chitat,
cinc ángeles i he trobat,
tres als peus i dos al cap,
la Virgen santisima al costat...
Rafael Alberti, Sobre los ángeles. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, ed. C. Brian Morris (Madrid: Cátedra, 1988) p. 198-199
Del poema Carta de Maruja Mallo a Ben Turpin vs. 18-23, de To era...
Todos los serafines usan su bisoñé para pasera por el río, menos tú,
querubín desfallecido,
querubín muerto de amor por una encantadora criada
(cuatro esquinitas tiene mi cama),
por una criada encantadora, que te hace rezar tres
padrenuestros mucho antes de bañarte.
Jesusito de mi vida,
eres niño como yo,
por eso te quiero tanto
y te doy mi corazón.
Virgen María,
madre de Dios,
ruega por nosotros
y por los niños infieles.
Cuatro cantones
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me la guardan,
con la Virgen María
que está en el medio89.
Dentro de esta secuencia, vamos a dedicar un comentario más extenso al tercer elemento, el que comienza «Cuatro cantones / tiene mi cama...», porque puede ofrecernos enseñanzas representativas y globales sobre todo el género de las oraciones tradicionales. Antes de analizar algo de su historia y de sus paralelos internacionales, conozcamos una versión recogida en Úgar:
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me la guardan.
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
con la Virgen María
y el Espíritu Santo90.
Ésta es una versión que fue recogida en Ganuza:
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me acompañan.
Lucas, Marcos,
Juan y Mateo,
y el señor en medio91.
La siguiente versión fue recogida en Lorca a una mujer del cercano pueblo alavés de Santa Cruz de Campezo:
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me acompañan92.
La siguiente versión me fue comunicada en Torralba del Río, dentro de un cuento o chiste que he oído otras veces también en otros lugares de España:
Eran dos, uno... Fueron de camino, y llegaron a una posada, ¿eh? Y ya:
¡Pues ustedes se van a dormir en esta habitación!
Y tal: dos camas. Bueno, pues:
Oye, pues antes de dormirnos, ¡tenemos que rezar!
Y es verdad. Aquél siempre tenía costumbre. Y dice:
¡Anda, déjame dormir, que estoy muy cansao!
Dice el otro pero eso es verídico, sí , y dice:
Bueno, pues yo voy a rezar porque, mira, que hemos andao de camino y le tenemos que dar gracias al Señor, y tal.
Pero él comenzó... Igual se estaba una hora rezando... Pero comenzó por eso:
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
la Virgen María
y el Espíritu Santo.
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me acompañan.
Jesús, José y María,
os doy el corazón
y el alma mía.
Jesús, José y María,
haced que descanse
con vos y en paz
el alma mía.
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
la Virgen María
y el Espíritu Santo.
Bueno, ¡en qué habitación sería dice , que en ese momento se le rompió la pata de la cama! Dice:
¿Ves? ¡Si me hubieses dejao dormir! ¡Si te hubieses callao! ¡Eso te ha pasao por dormir con tanta gente93!
La siguiente versión, extensísima y contaminada con muchas otras oraciones de procedencia muy diversa, me fue comunicada por una mujer de Asarta:
Ángel de la Guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche ni de día.
Como me echo en esta cama,
me echaré en la huesera;
como me cubre esta ropa,
me ha de cubrir la tierra.
Dulce cama,
dulce cruz,
dulce nombre
de Jesús.
Cuatro cantones
tiene esta cama,
y otros cuatro mil
acompañan a mi alma.
Entre Lucas y Pedro,
Juan y Mateo,
a nuestra Señora
la tienen en el medio.
Allá arriba en un Belén,
siete leguas de un Calvario,
encontré a una mujer
con su librito en la mano;
le dije: Mujer cristiana,
¿has visto a Jesús amado?
Sí, señora, yo lo he visto,
por aquí mismo ha pasado,
con una cruz en los hombros
y una cadena arrastrando.
San Juan y la Madalena:
Caminemos, caminemos,
caminemos al Calvario;
para el punto que lleguemos,
ya le habrán crucificado,
ya le habían clavado los pies,
ya le habían clavado las manos,
ya le habían dado su lanzada
en su divino costado.
La sangre que le caía
caía en un cáliz sagrado,
el hombre que la bebiera,
un bienaventurado.
Esta oración quien dijera
todos los días del año,
sacará un alma de pena
y la suya de pecado;
el que hoy no la dice,
Jesucristo lo maldice;
el que hoy no la aprenda,
Jesucristo lo reprenda;
el día del Juicio Final
verá lo que le conviene94.
Esta otra versión, igualmente extensísima y contaminada con otras oraciones de procedencia diversa, me fue comunicada en Estella:
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
la Virgen María
conmigo la traigo.
Quítate, enemigo,
no vengas conmigo,
que yo voy con Dios
y Dios viene conmigo.
Ángel mío de mi guarda,
me guardes y me consueles;
dile a mi dulce Jesús,
cuando contento lo vieres,
que un alma afligida y triste,
dile que de ella se acuerde;
que como es madre de Dios,
alcánzanos mil mercedes.
Ángel, pues que Dios me dio,
guárdame con gran cuidado,
y me libres del pecado
bautizao o sin bautizar.
Cruz santa,
tú me velas,
tú me vales,
por el Dios que murió en ti,
cosa mala no me venga en mí,
ni a mi cama,
ni me acompañe.
Dios va conmigo,
yo voy con él,
él va delante,
yo voy detrás de él,
Cuatro cantones
hay en el cielo,
Lucas y Marcos,
Juan y Mateo.
Cuatro pilares
tiene mi cama,
cuatro mil ángeles
acompañen mi alma95.
Otras dos versiones de Estella decían:
Cuatro angelicos
hay en mi cama,
cuatro angelicos
me acompañan el alma.
Lucas y Marcos,
San Juan y Mateo,
los cuatro angelicos
subirán al cielo
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
con la Virgen María
y el Espíritu Santo96
Jesusito de mi vida,
tú eres niño como yo,
por eso te quiero tanto
y te doy mi corazón.
Tómalo: tuyo es
y mío no.
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
me la guardan97.
La última versión que vamos a analizar fue recogida en Ancín:
Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
con la Virgen María
y el Espíritu Santo.
Tente enemigo,
no vengas conmigo,
que yo voy con Dios
y Dios viene conmigo.
Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro ...
acompañan a mi alma.
Lucas y Marcos,
Juan y Mateo,
la Virgen María
la llevan en medio98.
Fernando Llorca, Lo que cantan los niños (3ª ed., Madrid: Altalena, 1983) pp. 181
Cuatro esquinitas
1 ? Véase la edición y el estudio que de la obrita de Lope hace Miguel Artigas, «Un opúsculo inédito de Lope de Vega: el anti-Jáuregui del Liz. d. Luis de la Carrera», BRAE XII (1925) pp. 587-605: p. 601. Sobre la vida y la obra del rival de Lope, se puede ver fundamentalmente Juan Matas Caballero, Juan de Jáuregui: poesía y poética (Sevilla, Diputación Provincial: 1990) y la bibliografía a la que remite.
2 ? Afán de Ribera, Virtud al uso y mística a la moda, en Novelistas posteriores a Cervantes, 2 vols., ed. E. Fernández de Navarrete (reed. Madrid, Atlas: 1950) II [BAE XXXIII], pp. 445-459: p. 454.
3 ? José Seoane Gallo, El folclor médico de Cuba (La Habana, Editorial de Ciencias Sociales: 1984) pp. 242-243. Hay otra versión cubana publicada en Concepción Teresa Alzola, «Costumbres cubanas relacionadas con la infancia», Etnología y Tradiciones Populares: I Congreso Nacional de Artes y Costumbres Populares (2-5 mayo 1968), [ed. A. Beltrán] (Zaragoza, Excma. Diputación Provincial: 1969) pp. 253-267: p. 266; otras dos versiones hispanoamericanas de este tipo fueron publicadas en Edna Garrido de Boggs, Folklore infantil de Santo Domingo (Madrid, Cultura Hispánica: 1955) núms. 309-309a; y una española en Juliana Izquierdo, «Oraciones de Pedroñeras (Cuenca)», RDTP VI (1950) pp. 502-503: p. 503.
4 ? Versiones con alusión a cuatro esquinas han sido publicadas en Francisco Rodríguez Marín, Cantos populares españoles, 4 vols. (Sevilla, Francisco Álvarez y Cía.: 1882-1883) núms. 1029 y 1031; Eugenio de Olavarría y Huarte, «El folklore de Madrid», Biblioteca de las Tradiciones Populares Españolas, 11 vols. (Sevilla-Madrid, Francisco Álvarez y Cía-Librería de Fernando Fe: 1883-1886) II, pp. 5-100: p. 75; BTPE IV (Sevilla, 1884) p. 117; R. García-Plata de Osma, «Rimas infantiles: apuntes recogidos en Alcuéscar», Revista de Extremadura IV (1902) pp. 124-130 y 361-367, p. 125; Ignacio del Alcázar, Colección de cantos populares (Madrid, A. Aleu: 1910) núms. 110 y 112; Constantino Cabal, Las costumbres asturianas, su significación y sus orígenes: el individuo (Madrid, Ayuntamiento de Oviedo: 1925) p. 51; Valerio Serra Boldú, «Folclore infantil», Folklore y costumbres de España, 3 vols., ed. F. Carreras y Candi (Barcelona, Alberto Martín: 1931-1934) II, pp. 535-598: p. 547; «Oraciones», RDTP I (1944) pp. 348-349: p. 348; José Íñigo Irigoyen, Folklore alavés (Vitoria, Imprenta Provincial: 1950) p. 119; Venancio Bejarano, «Información varia», Hoja Folklórica 9, 13-1-1952, p. [4]; Manuel Moro Mateos, «Información varia», Hoja Folklórica 80, 24-V-1953, p. [1]; Hoja Folklórica 81, 1-VI-1953, p. [4]; Sebastián Jiménez Sánchez, Mitos y leyendas: prácticas brujeras, maleficios, santiguados y curanderismo popular en Canarias (Las Palmas, FAYCAN: 1955) p. 14; Jesús Taboada, Folklore de Verín: las creencias y el saber popular (Orense, La Región: 1961) p. 73; José Sánchez Romero, Castilla: la copla, el baile y el refrán (Madrid, Prensa Española: 1972) p. 104; Gabriel Celaya, La voz de los niños (3ª ed., Barcelona, Laia B: 1981) p. 255; José Manuel Fraile, «Canciones y cuentos», RFo 20 (1982) pp. 69-72: p. 70; Fernando Llorca, Lo que cantan los niños (3ª ed., Madrid: Altalena, 1983) p. 181; Florentino Castro Guisasola, Canciones y juegos de los niños de Almería, ed. J. A. Tapia Garrido (reed. Almería, Monte de Piedad y Caja de Ahorros: 1985) p. 38; José Pérez Vidal, Folclore infantil canario (Madrid, Cabildo Insular de Gran Canaria: 1986) pp. 329-330; Claudia de los Santos, Luis Domingo Delgado e Ignacio Sanz, Folklore segoviano II Repertorio infantil (Segovia, Caja de Ahorros y Monte de Piedad: 1986) p. 229; Bonifacio Gil, Cancionero infantil (reed. Madrid, Taurus: 1987) pp. 22-23; Canciones y juegos infantiles en las Merindades de Castilla, ed. E. López Sobrado (Villarcayo, Centro de Profesores: 1990) p. 17; Domingo García Barbuzano, La brujería en Canarias (3ª ed. Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria: 1990) p. 77; Miguel Manzano, Cancionero leonés, 3 vols. en 6 tomos (León, Diputación Provincial: 1991) vol. II, t. II, pp. 373-375; César Morán Bardón, «Poesía popular salmantina: folklore», en Obra etnográfica y otros escritos, ed. Mª J. Frades, 2 vols. (Salamanca, Diputación: 1990) I, pp. 39-100; Pedro C. Cerrillo, Cancionero popular infantil de la provincia de Cuenca (lírica popular de tradición infantil) (Cuenca, Diputación Provincial: 1991) pp. 221-222; José Manuel Feito, «Devocionario popular (zona de Somiedo)», BIDEA XLV (1991) pp. 7-86: pp. 25, 27 y 33; José Mª Domínguez Moreno, «Santos ganaderos en Extremadura», RFo 133 (1992) pp. 3-11: p. 6; José Manuel Pedrosa, «Oraciones y conjuros tradicionales de Logrosán (Cáceres)», RFo 137 (1992) pp. 159-163: pp. 159-160; y Pedrosa, «Quintanadiez de la Vega: la tradición folklórica en extinción de un pueblo palentino», RFo 144 (1992) pp. 183-195: p. 194. En Hispanoamérica se documentan versiones en Juan Alfonso Carrizo, Cancionero popular de La Rioja, 3 vols. (Buenos Aires-México, Espasa-Calpe Argentina: 1937-1942) II, núms. 641; y Rafael Olivares Figueroa, Folklore venezolano I (Caracas, Ministerio de Educación: 1948) p. 141.
5 ? Versión recogida en Escurial el día 27 de noviembre de 1989 a Marciana Mellado, Isabel Mellado y Ana Rubio, nacidas en 1925, 1926 y 1927 respectivamente.
6 ? Versión recogida en Madrid en diciembre de 1989 a Mª José Prada, nacida en Madrid en 1963.
7 ? Versión recogida el 28 de agosto de 1989 a María Abella, nacida en 1911.
8 ? Versión recogida el 31 de julio de 1989 en San Martín del Castañar (Salamanca) a Cristina Linero, nacida en 1943 en Teba (Málaga), en una encuesta que realicé junto con Lourdes Portal, Estrella Sánchez, José Mª Sanz y José Luis González.
9 ? Manuel da Costa Fontes, Romanceiro português do Canadá (Coimbra, Universidade: 1979) núm. 646.
10 ? José Antonio de Donostia, «Oraciones, prácticas religiosas y medicinales populares», CEEN IV (1972) pp. 5-33: pp. 25-26.
11 ? Sobre la historia y evolución de ambas voces, véase Joan Corominas, Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana 4 vols. (Madrid, Gredos: [1954]) s.v. canto II y s.v. esquina; y Corominas y José Antonio Pascual, Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, 6 vols. (Madrid, Gredos: 1980-1991) s.v. canto II y s.v. esquina.
12 ? Versión recogida el 21 de abril de 1990 a Juana González, nacida en 1906, en una encuesta que realicé junto con Rocío Rodríguez, Olga y Joaquín García.
13 ? La informante Magdalena Valdivia, nacida en 1926, fue entrevistada en Vallecas (Madrid) el 22 de junio de 1991.
14 ? Sólo conozco las editadas en Irigoyen, Folklore alavés p. 73; Modesto Martín Cebrián, «Oraciones para el día», RFo 34 (1983) pp. 140-142: p. 141; y Canciones y juegos infantiles de las Merindades de Castilla p. 18. Véase además una versión asturiana dialectal en Ana Mª Cano González, Notas de folklor somedán (Oviedo, Academia de la Llingua Asturiana: 1989) p. 21.
15 ? Fontes, Romanceiro português do Canadá núm. 597. Otras versiones de este tipo son, en la misma obra, el núm. 598; en A. Gomes Pereira, «Tradições populares e dialecto de Penedono», RL XII (1909) pp. 298-316: p. 303; P. Firmino A. Martins, Folklore do Concelho de Vinhais, 2 vols. (Coimbra-Lisboa, Universidade-Imprensa Nacional: 1928-1938) I, p. 50; Flávio Gonçalves, «Orações populares de Silvares (Fundão-Beira Baixa)», DL, 7ª serie, VII-VIII (1956) pp. 749-769: p. 753; António Lourenço Fontes, Etnografia transmontana, 2 vols., I Crenças e tradições de Barroso (2ª ed. aum., Montalegre: 1979) p. 67; Fontes, Romanceiro português dos Estados Unidos, 2 vols. (Coimbra, Universidade: 1980-1983) I Nova Inglaterra núm. 293; José Joaquim Dias Marques y Maria Angelica Reis da Silva, «Para o romanceiro português (conclusão)», RL, nueva serie, VIII (1987) pp. 105-176: p. 119; y Zófimo Consiglieri Pedroso, «Superstições populares (vária)», Contribuções para uma Mitologia Popular Portuguesa e Outros Escritos Etnográficos (reed. Lisboa, Dom Quixote: 1988) pp. 253-272: p. 269.
16 ? Esteve Busquets i Molas, Oracions, eixarms i sortilegis (Ripoll, Maideu-Terra Nostra: 1985) p. 273. Otras versiones de este tipo aparecen en la misma obra, pp. 274-279. Véanse también las publicadas en D. Francisco Camps y Mercadal, Folk-Lore menorquín (De la pagesía) (Mahón, M. Sintes Rotger: 1918) pp. 7-8; «Oracions», Arxiu de Tradicions Populars, ed. V. Serra i Boldú, I (Barcelona: 1928) p. 182; Adelaida Ferré de Ruiz Narváez, «Les puntes al coixí», Arxiu I/fasc. VII, p. 60; Joan Moreira, Del folklore tortosí (Tortosa, Querol: 1934) pp. 464-465; Gabriel Llompart, «Oraciones tradicionales del área catalana: la del alba y la del descanso», RDTP XXVII (1971) pp. 283-305: pp. 296, 297 y 299; Rafael Ginard Bauçà, Cançoner popular de Mallorca, 4 vols. (reed. Mallorca, Moll: 1979-1983) III, p. 221; Michel Ferrer Clapés, Cuentos, creencias y tradiciones de Ibiza (Ibiza: [edición del autor], 1981) p. 122; Pere Sadurní i Vallés, Retalls del folklore penedesenc (Vilafranca del Penedès, Museu de Vilafranca: 1982) p. 68; y José Luis Bernabeu Rico, Los límites simbólicos: hombres de la Foia de Castalla y el Vall de Xixona (Alicante, Diputación Provincial: 1984) p. 299.
17 ? R. M. Lacuve, «Prières populaires du Poitou», RTP IV (1889) pp. 622-623. La traducción es `San Lucas, San Marcos y San Mateo, Evangelistas del buen Dios, guardad las cuatro esquinas de mi cama durante toda esta noche'. Una versión de la Francia meridional se publicó en Jean-François Bladé, Poésies populaires de La Gascogne I Poésies religieuses et nuptiales (París, Maisonneuve et Cie.: 1881) [Les litteratures populaires de toutes les nations V] p. 62.
18 ? Versión reproducida en el estudio de Carrizo citado en la nota 42. La traducción es `Esta cama tiene cuatro esquinas. Yo espero a cuatro santos: dos a la cabeza y dos a los pies. La Virgen está aquí conmigo'. Véase una versión en dialecto siciliano en Giuseppe Pitré, Canti popolari siciliani, 2 vols. (Palermo, Luigi Pedone-Lauriel: 1870-1871) [Biblioteca delle Tradizioni Popolari Siciliane, vols. I-II] II, núm. 829; y otra en dialecto ligur en P. Cassiano da Langasco, «Gli angeli nella tradizione popolare ligure», ATPL XX/I-II (1990-1992) pp. 5-11: p. 9.
19 ? Manzano, Cancionero leonés, vol. II, tomo II, p. 373; hay otras versiones de este tipo en Rodríguez Marín, Cantos núm. 1030; y Alcázar, Colección núm. 111.
20 ? Irigoyen, Folklore alavés pp. 73-74.
21 ? Cfr. los estudios comparativos sobre los orígenes y distribución de la canción citados en la nota 42. Véase también Robert Jalby, Le Folklore du Languedoc (Paris: 1971) p. 331.
22 ? La informante Sara Nieto, nacida en Ponteareas en 1947, me comunicó esta versión el 7 de agosto de 1991 en Vallecas (Madrid). Otros textos en gallego correspondientes a esta tipología han sido publicados en Nicanor Rielo Carballo, Escolma de Carballedo (Lugo) (Vigo, Castrelos: 1976) pp. 150 y 152; e Isaac Rielo Carballo, Cancioneiro da Terra Chá (Pol) (La Coruña, Ediciós do Castro: 1980) p. 112; hay una en dialecto berciano en Alicia Fonteboa, Literatura de tradición oral en El Bierzo (Ponferrada, Diputación de León: 1992) p. 429; versiones portuguesas fueron publicadas en F. Adolpho Coelho, «Oração dos anjos da guarda», «Notas e paralelos folclóricos», RL I (1887-1889) pp. 166-174, 246-259 y 320-331: pp. 326-327; reproducido en Coelho, Festas, costumes e outros materiais para uma Etnologia de Portugal [Obra Etnográfica I], ed. J. Leal (Lisboa, Dom Quixote: 1993) pp. 223-249: pp. 245-246; Coelho, «Romances sacros: orações e ensalmos populares do Minho», Rm III (1874) pp. 262-297: p. 267; reproducido en Coelho, Festas pp. 41-54: p. 45; Gomes Pereira, «Tradições populares» p. 299; A. Gomes Pereira, «Novo suplemento ás tradições populares e linguagem de Villa Real», RL XIII (1910) pp. 95-109: p. 96; Martins, Folklore do Concelho de Vinhais I p. 64; Fernando de Castro Pires de Lima, «Folclore de S. Simão de Novais: orações», separata de RCP I (1932) pp. 1-16: núms. 2 y 4; Fontes, Romanceiro português do Canadá núms. 592, 595, 624 y 629; Fontes, Romanceiro português dos Estados Unidos I núms. 279-281 y 284-287; Manuel Viegas Guerreiro, Pitões das Júnias: esboço de monografia etnográfica (2ª ed. Lisboa, Serviço Nacional de Parques, Reservas e Património Paisagistico: 1982) p. 263; António Maria Mourinho, Cancioneiro tradicional e danças populares mirandesas, 2 vols. (Bragança, Escola Tipográfica: 1984-1987) I, pp. 260, 262, 269, 271 y 273; Fontes, Romanceiro da Província de Trás-os-Montes, 2 vols. (Coimbra, Universidade: 1987) II, p. 1088; y Consiglieri Pedroso, «Contribuções para um romanceiro e cancioneiro popular português» p. 360.
23 ? A[ntonio] Griera, Liturgia popular (San Cugat de Vallés, Abadía-Diputación Provincial de Barcelona: 1967) p. 96; en la misma página se edita otra versión. Hay más de este tipo en Camps y Mercadal, Folk-Lore menorquín pp. 6-7; «Oracions», Arxiu I, p. 182; Moreira, Del folklore tortosí p. 464; Llompart, «Oraciones» pp. 297 y 298; Joan Castells i Casas, Folklore torellonenc (2ª ed., Torelló, Promotora Torelló: 1980) pp. 38-39; Sadurní i Vallès, Retalls p. 63; y Busquets i Molás, Oracions pp. 274-279. Una versión de Játiva (Valencia) fue editada en Douglas Gifford, «An early White Paternoster in Basque?», BHS XLI (1964) pp. 209-222: p. 216; otra alicantina en Bernabeu Rico, Los límites simbólicos p. 297; y otras dos de la tradición catalana de L'Alguer (Cerdeña) en Josep Martí i Pérez, L'Alguer: Kulturanthropologische Monographie einer sardischen Stadt (Berlín, Dietrich Reimer: 1986) p. 399.
24 ? Versión recogida a Purificación Hernández, nacida en 1933, el 14 de septiembre de 1991. Otras versiones de este tipo están publicadas en Rodríguez Marín, Cantos núms. 1032 y 1033; Alcázar, Colección núms. 113 y 114; y Feito, «Devocionario popular» p. 24.
25 ? Donostia, «Oraciones» pp. 18-19.
26 ? Reproducido en Gifford, «An early White Paternoster» p. 213. La traducción es `Pequeño Padrenuestro blanco, que Dios hizo, que Dios dijo, que Dios puso en el Paraíso. Por la noche, al irme a acostar, encuentro tres ángeles acostados en mi cama, uno a los pies, dos a la cabecera, la buena Virgen María en medio, que me dice que me acueste, que nada tema...' Hay versiones francesas en Bladé, Poésies populaires de La Gascogne I, pp. 27-34 y 332; Henry Carnoy, «Prières populaires», Mél I (1878) cols. 188-190: col. 189; V. S., «Prière populaire», Mél I (1878) cols. 390-391; Gaston de Lépinay, «Prières populaires recueillies dans le canton de Brives (Corrèze)», Mél II (1884-1885) cols. 218-224: cols. 220 y 224; y A. Vernière, «Prière populaire de la Haute-Loire», Mél II (1884-1885) cols. 499-500. En el artículo de Gifford se encontrarán además datos sobre las versiones inglesas antiguas del conjuro.
27 ? Manuscrito Hazán de Rodas, f. 34r. Véase la edición y estudio de esta oración en Samuel G. Armistead y Joseph H. Silverman, «A Judeo-Spanish Prayer», Cor 19/1 (1990/1991) pp. 22-31: p. 25; un avance se publicó en «La orasion de una mujer sefaradi», AY 3/11 (1981) pp. 16-17. Las voces que precisan aclaración son hanebiá, del hebreo `la profetisa'; šapetania, del latín y español antiguo `súbita'; mélej, del hebreo `rey'; enciedra `izquierda'; y Šejiná, del hebreo `presencia divina'. Para la descripción de Ms. Hazán, véase Armistead y Silverman, Diez romances hispánicos en un manuscrito sefardí de la Isla de Rodas (Pisa, Università: 1962); y Tres calas en el romancero sefardí: Rodas, Jerusalén, Estados Unidos (Madrid, Castalia: 1980) pp. 15-21; y Elena Romero, «Coplas sefardíes y textos afines en el manuscrito de Yakov Hazán de Rodas», Hispanic Medieval Studies in Honor of Samuel G. Armistead, eds. E. M. Gerli y H. L. Sharrer (Madison, The Hispanic Seminary of Medieval Studies: 1992) pp. 243-256.
28 ? Léon, «Les juifs espagnols de Saint-Esprit: chansons et prières», BHi IX (1907) pp. 277-285: p. 280. La traducción de la parte francesa es `En el nombre del Eterno Dios de Israel, la santa falange de los ángeles tutelares me rodee por todas partes y me cubra con una égida protectora: a mi derecha Miguel, a mi izquierda Gabriel, delante mío Uriel, detrás mío Rafael, y a mi cabeza la Divinidad'.
29 ? Bassan, Judeo-Spanish Folk Poetry, tesis (Nueva York, Columbia University: 1947) pp. 122 y 142. La voz malahines proviene del hebreo `ángel'; landra del esp. landre `enfermedad cuyos síntomas son tumores y úlceras en las partes pilosas de ingles y sobacos'. Documentación española antigua de esta voz se da por ejemplo en el siguiente conjuro extraído de los legajos inquisitoriales y editado en Juan Blázquez Miguel, Hechicería y superstición en Castilla-La Mancha (Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha: 1985) p. 84: «...Estábase San Pedro en las puertas de Galilea; por allí pasó Nuestro Señor Jesucristo: ¿Qué haces Pedro? Señor, secas y landres me quieren matar. Por tus dedos cinco y tu mano plana, la seca será sana y tú serás sano. Dijo Dios. Amén». Para la documentación sefardí de esta voz, véase Joseph Nehama, Dictionnaire du judéo-espagnol (Madrid, CSIC: 1977) s.v. lándra; y Elena Romero, «Glosario de los textos», El teatro de los sefardíes orientales, 3 vols. (Madrid, CSIC: 1979) pp. 1129-1337, s.v. landrica.
30 ? Michael Molho, Usos y costumbres de los sefardíes de Salónica (Madrid-Barcelona, CSIC: 1950) pp. 161-163; David Elnecavé, «Folklore de los sefardíes de Turquía», Sef XXIII (1963) pp. 121-133 y 325-334; XXIV (1964) pp. 121-136; y XXV (1965) pp. 189-212: 1963, p. 326; Nehama, Dictionnaire p. 267; y Enrique Saporta y Beja, En torno a la Torre Blanca (París, «Vidas Largas»: 1982) p. 53.
31 ? Versión recogida al señor Issahar Avzaradel, nacido en Rodas en 1923 y emigrado a Israel en 1960. Fue entrevistado en Ashdod en junio de 1988, y posteriormente en 1991, por Susana Weich-Shahak.
32 ? La informante fue Rosa Avzaradel, entrevistada en Ashdod el 2 de abril de 1991.
33 ? La informante fue _ilidei Avzaradel, entrevistada en Ashdod el 30 de octubre de 1991. La voz sar es del hebreo `angustia'.
34 ? Isaac Levy, Chants judéo-espagnols II (Jerusalén, ed. del autor: 1970) núm. 105. Conozco otras dos versiones inéditas de este tipo, pertenecientes al Proyekto Folklor de la Radiodifusión israelí (PF 234/02 y 318/10).
35 ? Amílcar Paulo, Os Judeus Secretos em Portugal (Oporto, Labirinto: 1985) p. 64.
36 ? Fontes, «Orações criptojudias na tradição oral portuguesa», His 74 (1991) pp. 511-518: p. 515; la misma oración fue editada en Fontes, «Mais orações criptojudias de Rebordelo», RUC XXXVII (1992) pp. 457-469: p. 463. Al final de ambos artículos se puede encontrar una bibliografía exhaustiva sobre la historia, la cultura y los saberes orales de los criptojudíos portugueses. Una aún más actualizada se encontrará en Fontes, «Four Portuguese Crypto-Jewish prayers and their "inquisitorial" counterparts», MeLR VI-VII (1990-1993) pp. 67-104.
37 ? Sobre el fenómeno de las contrahechuras poéticas en general, véase en el cap. II de este libro, «El romancero político...», la nota 17.
38 ? Köhler, «Ein altes Kindergebet», Kleinere Schriften zur neueren Litteraturgeschichte, Volkskunde und Wortforschung, 3 vols. (Berlín, Emil Felber: 1900) III, pp. 320-341: p. 320.
39 ? La canción, titulada Camino de la cama, fue compuesta por S. Grandío y J. Hernández, y se publicó en el disco En beneficio de todos (Madrid [LP 4DO725]: 1990); fue reeditada en Trabajar para el enemigo: 30 éxitos (Madrid, Sony [LP DFDO873]: 1993).
40 ? Sánchez Romero, Castilla p. 130.
41 ? Iona y Peter Opie, The Lore and Language of Schoolchildren (reimp. Oxford-Nueva York, Oxford University Press: 1993) pp. 21-22. La traducción es `Mateo, Marcos, Lucas y John se fueron a la cama con los pantalones puestos. Marcos gritó en medio de la noche: ¡Oh, mis pantalones están demasiado apretados!'.
42 ? Vázquez Montalbán, El delantero centro fue asesinado al atardecer (Barcelona, Planeta: 1988) p. 139. Agradezco la comunicación del dato a mi amiga Charo Moreno.
43 ? Véase Evelyn Carrington, o Evelyn Martinengo-Cesaresco, «A note on the "White Paternoster"», publicado en FLR II (1879) pp. 127 y ss., y ampliado luego como capítulo en The Study of Folk-Songs (Londres, 1886) pp. 203-213; Coelho, «Oração dos anjos da guarda»; Coelho, «O estudo das tradições populares nos paises romanicos» p. 26; reproducido en Coelho, Festas pp. 652-653; Köhler, «Ein altes Kindergebet», Kleinere Schriften III, pp. 320-341; y además, Köhler, «Italienische Nachtgebete», Kleinere Schriften pp. 341-350; Juan Alfonso Carrizo, La poesía tradicional argentina: introducción a su estudio (La Plata, Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires: 1951) pp. 48-56, 128-131 y 168; Leah Rachel Clara Yoffie, «Chaucer's "White Paternoster", Milton's angels, and a Hebrew night prayer», SFQ XV (1951) pp. 203-210; Iona y Peter Opie, Oxford Dictionary of Nursery Rhymes (reed. Oxford-Nueva York-Toronto, Oxford University Press: 1975) núm. 346; Gifford, «An early White Paternoster»; Gabriel Llompart, «Oraciones tradicionales del área catalana» pp. 283-305; Armistead y Silverman, «La orasión»; John Gornall, «The White Pasternoster and a Spanish lyric», RN XXVIII (1987) pp. 39-43; Armistead y Silverman, «A Judeo-Spanish prayer»; y Fontes, «Orações criptojudias».
44 ? Sigo la traducción española ofrecida en Chaucer, Canterbury Tales / Cuentos de Canterbury, ed. bilingüe de P. Guardia (Barcelona, Bosch: 1978) vs. 3480-3486. La versión inglesa dice: «Therwith the nyght-spel seyde he anonrightes / on foure halves of the hous aboute, / and on the thresshfol ol the dore withoute: / Jhesu Crist and Seinte Benedight, / blesse this hous from every wikked wight, / for nyghtes verye, the white pater-noster! / where wentestow, Seinte Petres soster?».
45 ? Traduzco de Yoffie, «Chaucer's "White Paternoster"» p. 204. La oración fue reproducida en Gifford, «An early White Paternoster» pp. 214-215.
46 ? Véase Llompart, «Oraciones tradicionales» pp. 304-305, quien cita las obras de Stauffer Jerusalem und Rom (Berna: 1957) pp. 105 y 154; y Jesus, Gestalt und Geschichte (Berna: 1957) p. 107.
47 ? Existen en diversas tradiciones europeas muchas oraciones que se autoidentifican como Padrenuestros blancos o pequeños y que en realidad pertenecen a formas y familias distintas, lo que puede contribuir a nuestra confusión. Así lo admiten Yoffie (p. 207) y Gifford (pp. 213-214) y así sucede en las tradiciones francesa, provenzal, vasca, catalana y castellana y también en la portuguesa, según me indica J. J. Dias Marques , en las que se da indiferentemente el nombre de Padrenuestro pequeño o blanco a un conjunto variadísimo de motivos de este tipo: a los textos de Las cuatro esquinas porque derivan del grupo europeo llamado de los Padrenuestros blancos o pequeños; y a otros muchos que contienen simplemente aquella fórmula y ensartan motivos muy variables. Parecidos problemas terminológicos suscita la tradición sefardí, que llama Šemá tanto a la oración de Las cuatro esquinas como a otras, cotidianas en hebreo, que comienzan por esta voz hebrea y derivan de la doctrina bíblica y talmúdica. Véase acerca de ellas, de Martin Rist, «The God of Abraham, Isaac and Jacob: a liturgical and magical formula», JBL LVII (1938) pp. 289-303: pp. 291-292; y Natalio Fernández Marcos, «Motivos judíos en los papiros mágicos griegos», Religión, superstición y magia en el mundo romano (Cádiz, Universidad: 1985) pp. 121-127: nota 128.
48 ? Gil Vicente, Obras completas, ed. A. J. da Costa Pimpão, ed. revisada (Oporto, Livraria Civilização: 1962) pp. 47-55: p. 54. Sobre el valor simbólico de estos cuatro ángeles y, en general, del número cuatro en la obra escénica de Gil Vicente, véase Eugenio Asensio, Poética y realidad en el cancionero peninsular de la Edad Media (Madrid, Gredos: 1957) pp. 156-157.
49 ? Véase, sobre la iconografía simbólica de los cuatro Evangelistas, Gérard de Champeaux y Dom Sébastien Sterckx, «El tetramorfos», en Introducción a los símbolos, trad. A. Rodríguez (Madrid, Encuentro: 1984) pp. 447-535, y Santiago Sebastián, Iconografía medieval (Donostia, Etor: 1988) pp. 199-202.
50 ? Véase Stith Thompson, Motif-Index of Folk Literature: a Classification of Narrative Elements in Folktales, Ballads, Myths, Fables, Mediaeval Romances, Exempla, Fabliaux, Jest-Books and Local Legends, ed. rev. y aum., 6 vols. (Bloomington & Indianapolis-Copenhague, Indiana University-Rosenkilde & Bagger: 1955-1958) núms. A417 («Gods of the quarters») y A417.1 («Beasts guardians of the four quarters»).
51 ? Equipo «Cahiers Evangile», Oraciones del antiguo Oriente (Estella, Verbo Divino: 1979) pp. 43 y 44.
52 ? Equipo «Cahiers Evangile», Oraciones del antiguo Oriente p. 28.
53 ? A. Ruffat, La superstición a través de los tiempos, ed. M. Rossell Pesant (Barcelona, Mateu: 1962) p. 87.
54 ? Franco Cardini, Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval, ed. A. P. Moya (Barcelona, Península: 1982) p. 209.
55 ? Rist, «The God of Abraham» p. 299.
56 ? Eli Edward Burrish, Taboo, magic, spirits: a study of primitive elements in Roman religion (reed. Westport, Greenwood Press: 1972) pp. 155-171.
57 ? James George Frazer, La rama dorada: magia y religión [edición reducida], ed. E. y T. I. Campuzano (reed. México, Fondo de Cultura Económica: 1981) p. 631.
58 ? Eduardo Pérez Hervada, Curanderismo y superstición (La Coruña, Imp. El Ideal Gallego: 1972) p. 117; y José Manuel Gómez-Tabanera, «El curso de la vida humana en el folclore español», El Folklore español, ed. J. M. Gómez-Tabanera (Madrid, Instituto Español de Antropología Aplicada: 1968) pp. 67-128: pp. 71-72.
59 ? Información facilitada por Susana Weich-Shahak.
60 ? Julio Caro Baroja, La vida rural en Vera de Bidasoa (Madrid, Talleres Gráficos E. T.: 1944) p. 28.
61 ? Mohammed ibn Azzuz Akim, Diccionario de supersticiones y mitos marroquíes (Madrid, CSIC: 1958) p. 23.
62 ? Anne Chapman, Los hijos del copal y la candela: ritos agrarios y tradición oral de los lencas de Honduras, 2 vols. (México, Universidad Nacional Autónoma: 1985) I, p. 149.
63 ? Evon Z. Vogt, Ofrendas para los dioses: análisis simbólico de rituales zinacantecos, ed. S. Mastrangelo (México, Fondo de Cultura Económica: 1979) pp. 85-97.
64 ? Fernández Marcos, «Motivos judíos» p. 117. Hay que tener en cuenta, además, que en los primeros tiempos de nuestra era abundaron muchas manifestaciones sincréticas, con elementos cristianos y orientales, de estas creencias. Un culto tan extendido como el de Mitra tendrá por protagonista a Adán, cuyo nombre estaría formado por las iniciales de los cuatro puntos cardinales en griego, combinadas conforme a procedimientos hermenéuticos judíos relacionados con el concepto místico hebreo del Tetragrammaton (véase Fernández Marcos, «Motivos judíos» pp. 106-108 y 120-121).
65 ? Véase al respecto Jesús Rodríguez López, Supersticiones de Galicia y preocupaciones vulgares (3ª ed. Lugo, Celta: 1948) p. 48.
66 ? A. Hamman, Oraciones de los primeros cristianos (Madrid, RIALP: 1956) núm. 238, p. 264. Sobre el Testamento de Cristo en que se inserta, véanse también pp. 489, nota 156, y 497, nota 216.
67 ? Véase al respecto de José Mª Blázquez, «Magia y religión entre los pueblos indígenas de la Hispania antigua», en Religión, superstición y magia en el mundo romano pp. 137-158: p. 154.
68 ? Gifford, «An early White Paternoster» p. 215. Véase también Cardini, Magia p. 273.
69 ? Michael Pickering, «The four angels of the Earth: popular cosmology in a Victorian village», SFQ 45 (1981) pp. 1-18.
70 ? Rodríguez López, Supersticiones de Galicia p. 94.
71 ? Rodríguez López, Supersticiones de Galicia p. 214.
72 ? Nicanor Rielo Carballo, Escolma de Carballedo pp. 148-149. Una versión parecida y en castellano aparece en Irigoyen, Folklore alavés p. 72.
73 ? Javier Tomeo y Juan Mª Estadella, La brujería y la superstición en Cataluña (Barcelona, Géminis: 1963) p. 91.
74 ? Tomeo y Estadella, La brujería p. 54. Conjuros contra las tormentas que invocan también a «les quatre patriarchos» se usan en el Languedoc francés. Véase acerca de ellos Robert Jalby, Le Folklore du Languedoc p. 334.
75 ? Joan Amades, Folklore de Catalunya, 3 vols. (reed. Barcelona, Selecta: 1982) III Costums i creences p. 993; y Busquets i Molas, Oracions pp. 59 y 209-210.
76 ? Francisco Fajardo Spínola, Hechicería y brujería en Canarias en la Edad Moderna (Las Palmas, Cabildo Insular de Gran Canaria: 1992) p. 131.
77 ? Rafael Salillas, La fascinación en España (brujas, brujerías, amuletos) (Madrid, Eduardo Arias: 1905) pp. 39-40; Jiménez Sánchez, Mitos y leyendas p. 14.
78 ? Lothar Siemens Hernández, «Noticias de bailes de brujas en Canarias durante el siglo XVII», AEA XVI (1970) pp. 39-63: p. 43; véase también García Barbuzano, La brujería en Canarias pp. 40 y 77; y Fajardo Spínola, Hechicería p. 163.
79 ? Fajardo Spínola, Hechicería p. 133.
80 ? Además de las esquinas, también el umbral de las puertas ha sido, para muchas culturas, un espacio vulnerable a la acción de los espíritus malignos, y muy relacionado, en consecuencia, con ritos de prevención mágica. Cfr. acerca de ello James George Frazer, El folklore en el antiguo testamento, trad. G. Novás (reed. México, Fondo de Cultura Económica: 1981) pp. 420-432.
81 ? Armistead y Silverman, «A Judeo-Spanish prayer».
82 ? La informante fue Paulina Baeza, de 86 años, entrevistada el 29 de octubre de 1985. Cabe citar, además, otra alusión moderna al concepto de la muerte supitaña que se documenta en una oración del pueblo de Villarbejo del Páramo (Palencia) recogida por mí en Saldaña (Palencia) el 20 de julio de 1990 a una mujer de 91 años: «[...] adiós, sepultura de vivos, / qué olvidada te tenemos, / cuántos hombres y mujeres / se acuestan sanos y buenos / y a la mañana amanecen / supitaña entre los muertos [...]» Por otro lado, hay que hacer notar que el motivo de los peligros del fuego de las versiones sefardíes y de la de Brea de Tajo parece eco de una serie de tópicos comunes a los géneros religiosos populares de muchas tradiciones. Así, en una versión francesa reproducida por Carrizo se pedía que «le feu, l'orage et la tempête ne peuvent rien contre toi», mientras que en una «oración al ángel de la guarda» que es tradicional en España se suele implorar: «...de los enemigos me habéis de apartar, / también de peligros por tierra y por mar. / De un incendio fuerte, de una enfermedad, / de una mala muerte, de una tempestad»; reproduzco una versión grabada por mí el 10 de agosto de 1989 en San Pelayo, ay. Potes, Cantabria, a Remedios Cuesta, de 73 años, nacida en Barrio, ay. Vega de Liébana, Cantabria; conozco una versión publicada en Fernando Flores del Manzano, La vida tradicional en el Valle del Jerte (Mérida, Asamblea de Extremadura: 1992) p. 289.
83 ? Bladé, Poésies populaires de La Gascogne I, pp. 30-34 y 90-91. La traducción es `...que no tengan miedo del fuego, ni de la llama, ni de la muerte subitánea...»
84 ? Rodríguez Marín, Cantos núm. 1040.
85 ? Olavarría, «El folklore de Madrid» p. 76.
86 ? Carrizo, Cancionero de La Rioja p. 354.
87 ? Mourinho, Cancioneiro p. 271.
88 ? Costa Fontes, «Orações criptojudias» p. 515; y "Mais orações criptojudias de Rebordelo" p. 463.
89 ? Mercedes Alzaga, de Lorca.
90 ? María del Rosario García Vaquero y Gil de la Cuesta (1933) y María Luisa García Vaquero y Gil de la Cuesta (1944), de Úgar.
91 ? María Socorro Vidán (1932), de Ganuza.
92 ? María Dolores Díaz de Alda (1954), de Santa Cruz de Campezo.
93 ? María Carmen Carlos Oyón (1939), de Torralba del Río.
94 ? Mari Luz Antoñana Sanfélix (67 años), de Asarta.
95 ? Francisca Irisarri (89 años), de Estella.
96 ? María Luisa Vicente (60 años), de Estella.
97 ? Carmen Napal, de Estella.
98 ? María Lourdes Sanz (1938), de Ancín.