Ves ese valle
Gavilán era el mago oficial de la corte, y hoy andaba muy muy apresurado. Llegaba tarde a una llamada urgente de su rey, y la verdad es que no llegaba demasiado a gusto. Mientras subía las escaleras refunfuñaba preguntándose que nuevo capricho se le habría ocurrido a su rey. Cuando llego al salón del trono se lo encontró asomado al balcón de homenajes. Se acerco, un poco temeroso, carraspeando y haciendo rudo para que se notara su presencia. Y un poco de su asma. El rey no se volvió a mirarlo, y señalando a lo lejos, a los páramos del reino, le espeto.
-¿Ves ese valle? Está seco.
Gavilán carraspeo de nuevo, se rascó la cabeza y se atrevió a contestar:
-Señor, lo está porque tú me pediste que desviáramos el agua hacia los establos de tu palacio.
-¿Ves ese monte? Está negro.
-Señor, lo está porque en vuestra bondad quisisteis que se fabricara carbón para calentar al pueblo durante el verano
El mago decidió omitir el detalle de que el carbón se vendía a las gentes que trabajaban muy duro para comprarlo, pero no era cuestión de irritar más al rey. Este se volvió y pregunto:
-¿Puede arreglarse todo esto?
- Son heridas graves, pero la tierra es poderosa. Las aguas y las hierbas se renuevan y vuelven a crecer, y andando el tiempo todo se reparará, quizás cuando no quede ya ni memoria de estas magias ni de mi ni de...
-No, no, no vale esa profecía. Lo que te pregunto es si puede arreglarse ¡ahora!. En esta semana.
El mago dudó, sorprendido: -¿En una semana?
- Mi hijo –comenzó a explicar el rey- debe casarse. Se ha enamorado, y no es mala elección, una joven condesita del valle de poniente. El príncipe le ha ofrecido que escogiera su regalo de bodas; ella le ha pedido que le prometa que no tendrá que vivir en una tierra destrozada. Pero mi hijo es el futuro rey, ¡debe vivir aquí!
-Ya, y así que ahora necesitáis una tierra limpia y clara. Mm veré que puede hacerse.
-¡Que se haga lo que sea necesario! – sentenció el Rey, y se entró a los aposentos, dejando dubitativo al pobre viejo mago.
XXXX
A los dos días, todo el gremio de magos estaba en ebullición. Reunión tras reunión habían ido tejiendo un hechizo. Las brujas del bosque habían aportado lo mejor que sabían de crecer arboles y restañar las heridas de los fuegos de los hombres, los enanos de las cavernas habían forjado palancas y espejos que pudieran lanzar la magia a todo el reino. Los hechiceros habían entretejido músicas misteriosas para activar los conjuros. El viejo mago andaba muy satisfecho de los preparativos, y había escogido personalmente a doce aprendices que desde todas las esquinas del reino ejecutarían la danza. El viejo mago era sordo, y no podía llevar el ritmo con la precisión que era necesaria, y que solo los más jóvenes podían ejecutar. Pero no se entristecía por ello; estaba preparando un conjuro grande, y los vientos aprecian soplar a favor.
XXXXX
Llego el día y, en la sala del homenaje, el mago anunciaba al rey y a los nobles presentes algunos detalles del conjuro que iba a comenzar. “Durará tres días, y todo el reino se oscurecerá...”
También en todas las esquinas del reino, los aprendices iban desplegando sus maquinas y explicaban a los niños curiosos lo que iba a hacerse “Se pondrá todo oscuro, porque el bosque necesitar de toda la luz para crecer. Esos tubos de allá crearan agua para un siglo entero, aquel órgano tejera su música con los otros once para aislar todo el espacio del valle y del monte...”
Y comenzó la magia. La música de los aprendices tronaba fuerte, música de encantamiento, que atraía los espíritus de las gentes. El bosque y el riachuelo se oscurecieron, la bruma poco a poco cubrió el valle. El mago llevaba el compás, mal que bien, con su bastón, y a sus gestos fogonazos de luz eran disparados desde las montañas. El príncipe salió con su prometida, entre sospechosa y maravillada, hasta los mismos lindes que los magos habían marcado y donde solo los campesinos menos temerosos se atrevían a sentarse a disfrutar de la música.
Se puso el primer sol, y de noche el bosquecito brillaba con una luz propia, rojiza como en un eclipse de luna. A su brillo se vislumbraban sombras de arboles que crecían, fantasmas de animales que volvían a poblar el viejo bosque.
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Al amanecer, la condesa escapo de los brazos del príncipe y corrió hacia el interior del bosque. Los jóvenes hechiceros no podían dejar sus instrumentos para pararla, y las brujas aparentaron estar demasiado a lo suyo como para parar a la joven. Aquí y allá, algunos chiquillos habían saltado de cuando en cuando el descuidado limite, y no eran un problema para el conjuro. Pero cuando el príncipe corrió tras ella, un trueno de ira sonó en la torre del homenaje. Gavilán mismo estaba rodeado de una humareda blanca que temblaba cada vez que tejia un hechizo para alguno de los ayudantes. El rey gritó furioso que lo detuvieran, pero nadie se atrevia a tocarlo, y finalmente él mismo se abalanzo sobre el mago y lo arrojo a tierra. Pero la magia ya no podia ser detenida.
Al tercer dia, la bruma se levanto y la guardia real se lanzó al bosque con en propio rey en cabeza.
En una revuelta del riachulo encontro a la condesa, arreglando las flores de una tumba. Pero elrey ni siquiera se arrodillo ante su hijo muerto, sino que directamente pregunto a la viejecilla: ¿Donde estan mis nietos?
-“No tuvimos hijos, mi señor, los que ves son los nietos ya de los que entraron con nosotros...No hay herederos para tu reino, No los habrá por más que busques”
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A lo lejos, Gavilán se acercaba cojeando, comiendo una manzana de esos árboles renovados. Reia como siempre que acababa de entender alguna cosa. Y lo que habia entendido no le iba a hacer grecia al rey: ----- “Señor, mira todos estos arboles: el hambre yel trabajo han acabado en este valle”
“¡mis subditos deberian estarme agradecidos! ¡he sacrificado a mi propio hijo por esta riqueza!”
“Has sacrificado más... Cuando los abuelos de tus abuelos fueron reyes, el valle no saba frutos suficientes y la gente peleaba unos con otros dejando el trabajo abandonado. La justicia de tus antepasados puso orden en el monte, pero sus obras perpetuaron el dolor y el hambre, y perpetuando el hambre se hicieron necesarios”
El rey no acababa de entender. La condesa sonrio y intervino: “Mira, tu propio ejercito se disuelva jugando con las niñas, bebiendo de este arroyo. Tu hijo me hizo un buen regalo: el que ya no sean necesarios principes ni condesas... ni reyes”
“Así es...” – remato Gavilan- “has sido el ultimo rey, y ya solo te queda disfrutar de tus pocos dias sin reino. No te queda mucho, tu cuerpo se quemo enormemente cuando intentaste detenerme”
“Maldito mago, ¡tu sabias esto!”
“¿Saber? El rey era elque sabia cosas, muchas. Nosotros...” – y miro a los jovenes magos que le rodeaban- Nosotros nos conformariamos con haber entendido algunas pocas... y a mi me encantaria, chicos, si llegais a encontrar un poema en que cantarlas”